Operario de grúa en Puerto Carúpano

Amaury, la grúa y el mar

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Las Tunas.- Allá arriba, con los pies tan lejos del suelo, puerto Carúpano se achica. Mar y cielo son casi de un mismo azul que a caprichos trastoca su cariz. La sensación de inmensidad abruma… Amaury, sobre la mole de hierro se siente extrañamente anclado a tierra firme.

El ruido ensordece, pero el gruero está alerta, con los brazos tensados, como si sostuviera, con sus fuerzas, la carga descomunal que traslada sin parar. Abajo, sus compañeros le hacen señas mientras ponen en las rastras la saca de cemento salida del buque.
Hace 14 años realiza el mismo oficio. Conoce de memoria las máquinas de 30 metros de alto y 20 toneladas. No todos los visitantes del puerto se animan a subir las escaleras inclinadas que llevan hasta el puesto del operador, él hace la travesía casi por instinto.
Los turnos son cada dos horas, establecidos por norma, y la verdad, humanamente necesita el descanso. No es cosa fácil, requiere mucha concentración para trasladar las cargas y precisión porque allá abajo, esas formas sin rostros, son colegas de trabajo. En el pulso de cada decisión está sujeta la vida de los que aguardan para acomodar las mercancías.
Asegura Amaury que los días son mejores para esa labor que las noches. Hay visión y es más cómodo. Su oficio se hace en parejas. El operador relevado baja, conversa un poco. Y luego vuelve a comenzar el ciclo. Las dos horas pasan volando.
Cuenta que mover palanquillas de hierro resulta muy peligroso. Es un producto que hay que trasladar con mucho más cuidado, tienen 12 metros y son pesadas. Cuando las embarca o desembarca el gruero está presionado de alguna manera, ya antes han ocurrido accidentes.
Tiempo atrás la rutina invariable del puerto se volvió una vorágine, no había control y el desenlace fue triste. Uno de los trabajadores cuya piel se curtió allí con los años y el salitre, perdió una pierna ese día. Allí nadie olvida el incidente, por eso toda la mesura es poca detrás de la pizarra.
Amaury del Valle Rodríguez ha encontrado su sitio desafiando las alturas. Tiene 43 años y asegura que le gustaría continuar allí, husmeando con esas inmensas manos artificiales dentro de los barcos.
Mientras tenga buena visión y no pierda las facultades puede ser operador de grúas. Lo demás está en el interés que se ponga. Cada dos años lo recalifican, según establecen las normas internacionales.
El éxito final del desmonte depende del equipo, la precisión del gruero y las señas correctas del amantero (la persona ubicada abajo, organizando las cargas). Los días allí son sui generis, y se requieren disímiles capacidades para que las misiones salgan según lo previsto.
En Puerto Carúpano el huracán Irma clavó sus garras. A las grúas les soltaron los frenos de giro para que pudieran moverse y no hicieran tanta resistencia a los vientos. Amaury y los suyos colaboraron con las acciones de recuperación y hoy todo luce como siempre.
Sobre la máquina de hierro el gruero narra las anécdotas; el sol, el ruido y la altura allí son presencias normales. Su suerte está invariablemente ligada al sube y baja de las cargas, complemento perfecto del cielo y el mar, que cada dos horas rigen su vida.

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1 Comment

  1. Jose Luis Bastaille Civil 16 Octubre, 2017 at 10:14 pm

    muy buena la pagina de mi emisora querida aunque ahora esté lejos no la olvido nuncacatorce

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