Receta oculta de una bebida seductora (+Fotos)

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El Fuerte de la Loma o Castillo de Salcedo es de las instituciones culturales más importantes de Puerto Padre, sin embargo pocos conocen que es también cuna del vino en la región.

Por: Niuvis Ivon Torres González, Liliana González Cudina y Rosa María Pérez Santos

El vino es una de las primeras creaciones de la humanidad. La fascinación que ejerce esta bebida está asociada de manera ineludible, a la historia que la precede.

Don Lorenzo Cordero Sánchez.

A la sorprendente leyenda que atesora entre sus muros el Fuerte de la Loma, nos acerca René Cordero Torres, bisnieto de don Lorenzo Cordero Sánchez, padre de la vinicultura artesanal en Puerto Padre.  

Conversar con este hombre sobre el tema, es imbuirse de toda la magia de una pasión que supera lo terrenal para ubicarlo en una dimensión insólita donde distingue la tradición familiar.

Con voz casi inaudible, convierte en palabras imágenes grabadas en la memoria por los abuelos.

“Mi abuelo don Lorenzo Cordero Sánchez nació en un lugar de la Galicia Española, entre esquejes, vides y mosto. Fue un hombre singular que llegó a Cuba en 1887 como soldado profesional. Fue destinado al Fuerte de la Loma, donde los soldados ya custodiaban alguna clase de vino que llegaba a la ciudad”.

 

En busca de la planta milagrosa

“En 1892 viaja a España y trae consigo algunos esquejes de uvas que distribuye a varias familias del pueblo para expandir el cultivo de la planta. Variedades como la herbácea, la tempranillo, entre otras, pueden encontrarse aún en la región como producto de aquellos esquejes.

“Mi bisabuelo ayudó también a la elaboración de vinos caseros, no solamente el de uva, también experimentó con la guayaba, el canistel y la ciruela. A él se le reconoce la fundación de la bodega Abre vino, que creó en 1905, en la zona de San Pedro. En un inicio contaba con 9 toneles y cientos de botellas, por ese entonces fabricaba el vino de Málaga y el de Jerez.  Hay que recordar que estos tipos de vino llegaban a nuestro país en toneles y aquí se distribuían en botellas, aunque era diferente y sin etiquetas”.

 

Génesis de una tradición familiar

Cuando el 16 de febrero de 1922 fallece don Lorenzo Cordero Sánchez, ya era dueño absoluto de un impero, legado que sus descendientes supieron cuidar y engrandecer a lo largo de los años.

René Cordero Torres.

Cuenta René: “Mi abuelo tuvo seis hijos, dos de ellos aprendieron la tradición del vino; pero solo uno se inclina de manera permanente por este arte y hasta hoy mantiene viva la tradición. Esta persona es Calimerio Cordero Rojas, mi abuelo, quien trasmitió a sus hijos pormenores de la tradición creada por Don Lorenzo Cordero y estos a su vez, la legaron a sus descendientes.

“Comencé a interesarme por el vino porque mi abuelo, Calimero Cordero, me enseñaba desde muy pequeño cómo oler la fruta, conocer sus periodos, su graduación alcohólica, el tipo de azúcar que debe usarse diariamente y el momento adecuado para la elaboración; más tarde nos enseñó a catar.

“Mi abuelo mantuvo una patente de vino desde el año 1938 hasta el año 1988, época en que se retira”.

El 10 de abril de 1988 es fundada la Asociación de vinicultores don Lorenzo Cordero Sánchez, con el fin de agrupar a la vanguardia puertopadrense en el milenario arte.

Con pasión desbordada por los recuerdos René explica:

“Este club fue organizado por la dirección de cultura, principalmente la casa de cultura Enrique Peña y desde aquí poco a poco empezó a florecer, luego de la creación de la asociación española de descendientes canarios, dirigida en aquel entonces por David Lobera, también Ernesto Carralero, entre otros. La unión con otros clubes en Cuba permitió hacer la identidad del vino de manera competitiva. En los años 90 del periodo especial los vinicultores grupales y familiares comienzan a salir a la luz y se vio más presencia de los productos en el mercado”.

 

Vino y Arte: Una peña, auténtica extensión de sueños andaluces

El 26 de octubre del año 2011, surge la Peña Vino y Arte, como auténtica extensión de los sueños andaluces de don Lorenzo Cordero Sánchez.

Fuerte de la Loma

Desde hace 8 años el Fuerte de la Loma o Castillo de Salcedo, hace los honores, una vez al mes, a la asombrosa historia que atesoran sus entrañas.

En cada ocasión los integrantes de la peña acuden para rendir tributo de disímiles formas a la soberbia bebida de los dioses.

Cada encuentro resulta diferente porque entre tonadas, décimas y poesías, distinguen desde las artes, el néctar seductor que degustan a sorbos, hasta llenar el espíritu de la embriaguez que emana del licor, principio de los divino.

En ese momento las bromas suben de tono y la contagiosa risa de los presentes, miembros o no de esta cofradía, invita a descubrir la sorprendente leyenda que se esconde tras los húmedos muros.

La ocasión es propicia también para conocer las últimas noticias del asombroso mundo vitivinícola que apasiona y hermana a millones de personas en el universo.

Términos y frases alegóricos al tema distinguen los encuentros donde, además, se aprovecha para dar la bienvenida a nuevos miembros o sencillamente realizar la cata pública de algún vino artesanal, fruto de la imaginación de atrevidos bisoños que se aventuran en la mágica profesión, amparado por el adagio de que solo existen dos tipos de vinos, los buenos y los mejores.

Cuando habla sobre el tema, Jesús Gallego Perdomo logra trasmitir la pasión que desde joven lo domina.

“Yo vivía en San Manuel y un buen día escuché hablar de cómo se hacía el vino y me puse a inventar. Cuando me mudé para Puerto Padre, me enteré que René Cordero tenía una peña del vino y me fui con él para la peña y seguí haciendo vino, porque me gusta hacerlo.

Jesús Gallego Perdomo.

“La uva como especie si está madura sale más tinto y si está pintona sale más blanco. Cuando preparo el vino siento un gran placer, una satisfacción porque me gusta y trato siempre de hacerlo con la mejor propiedad, el mejor vino que puede salir.”

Por su parte, René Cordero Torres explica la trascendencia de la Peña del Vino en función de la evolución del movimiento vinícola, en Puerto Padre.

 “Ha sido muy importante pues a partir de esta actividad cultural hemos podido conocer y agrupar a otros vinicultores que antes solo permanecían en sus casas y producían vino de manera familiar. A la vez que ha contribuido al rescate de las tradiciones vitivinícolas en el territorio.

“Vino y Arte surge en el año 2011, por la necesidad de tener un espacio cultural, a partir del vino. Y ya que en Puerto Padre existía este movimiento del club de vinicultores desde el año 1988, decidimos involucrar manifestaciones como literatura, danza, artes plásticas y música; homenajear desde las artes al vino, esa es una característica que solo tiene esta peña en Cuba”.  

Crescencio Ochoa Atensio, fundador de la peña Vino y Arte, recuerda el surgimiento de esta agrupación y las causas que lo motivaron a integrarse.  

Crescencio Ochoa Atensio.

“La peña yo le llamaría La Gran Peña Vino y Arte, porque como dice su propio nombre, allí confluyen el vino y las artes.

“Para mí la peña es como si fuera una escuela, donde se aprende mucho, yo soy poeta escritor y también participo como poeta repentista. En la peña han participado personalidades de nuestro país como Rogelio Blaín y Emilio del Valle.

“Me motivo a hacer vino, porque yo soy el clásico intruso, me gusta saber un poquito de todo y conseguí algunas recetas, de hecho René Cordero tiene el libro El vinicultor en casa, que es una maravilla, es una enciclopedia de hacer vino.

“La peña Vino y Arte es el lugar ideal donde se comparte vino, arte y sabiduría”.

 

El historiador del vino en Cuba

El afán por conservar el patrimonio que un día le fue confiado, le mereció a René Cordero Torres el título de “Historiador del vino en Cuba”.

“Fue otorgado por la coronadora Nacional de vinos artesanales, el 27 de noviembre de 2005, porque escribí el primer libro de vinicultura artesanal en nuestros país, El vinicultor en casa, fue publicado en el año 2002, por la editorial Sanlope, de LasTunas. Fue una llave que abrió las puertas a todos los secretos y ayudó a muchas personas que estaban interesadas en elaborar el vino.

“No todos los pueblos cuentan con un maestro de vino y este libro sirvió como guia para introducirse en el gran mundo de los vinos”.

Depositario de fórmulas ancestrales, reconoce que la fabricación del vino posee elegancia natural y es a la vez ciencia, arte y cultura.

Tesorero de una profesión tan antigua como el universo, René Cordero Torres guarda con celo las técnicas y procedimientos contenidos en el Libro de las Sombras, volumen  que recibió de sus ancestros para entregarlo solo en manos de sus descendientes.

Convencido de que el vino absorbe la esencia de quien lo fabrica, sueña con tener una bodega donde pueda dar rienda suelta a la imaginación y conseguir, fruto del ingenio y la espiritualidad que lo posee, la receta oculta de una bebida seductora.

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1 Comment

  1. Aracelys 5 Febrero, 2020 at 8:18 pm

    Excelente artículo que nos acerca a esta maravillosa tradición de la que nos preciamos los puertopadrenses, el vino y la impronta dejada por René en este mágico oficio creo es parte de la cultura local, algo que nos distingue y nos enorgullece.

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