Para que el mañana no se convierta en un demasiado tarde

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Puerto Padre.- La muerte de un ser querido o sencillamente su ausencia, es uno de los dolores más grandes y quebrantables que puede vivir cualquier persona.

Pero nadie espera morir. Nadie pretende irse del plano terrenal sin cumplir sus metas, sueños, anhelos, y dejar atrás a los hijos, padres, pareja, familia.

Siempre vemos ese momento como algo lejano, e incluso muchos prefieren hasta creer que no les va a tocar; pero ahora, en tiempos de pandemia, la realidad está ahí, al acecho.

Lo indignante, triste y hasta satírico, es que teniendo el peligro tan cerca y conscientes de que puede camuflarse en un beso, un apretón de manos, o un simple estornudo, aún haya tantos incrédulos que digan “eso no me va a tocar a mí”, o, “si me contagio seguro voy a estar muy bien pronto”.

Es cierto que el valor de la medicina cubana, del personal y sobretodo de la organización del sistema de salud, en la mayor de las Antillas, es incalculable, aunque nos faltan muchos recursos debido al cerco que el imperio sostiene alrededor de la Isla; pero en Cuba, en Cuba señores, con la atención médica hay que quitarse el sombrero.

Por estos días se escucha noticias y testimonios de personas en otros países, que se quejan de la falta de cuidado médico por no tener dinero para costear el servicio. Las redes sociales hoy se inundan de historias que te dejan con el nudo en la garganta o definitivamente te hacen beber lágrimas.

Cuanto orgullo sentimos de nuestros médicos, cuan afortunados somos de vivir en este país donde cosas como esa no ocurren.

Ayudemos, entonces, al personal de Salud Pública, quienes también tienen familia, padres, abuelos, niños pequeños y brazos que los procuran.

Colaboremos y seamos parte de la solución. Hoy se está brindando un lugar a cada soldado que quiera participar en esta batalla, ese lugar es en tu casa.

Somos protagonistas de un tiempo en el que si no nos unimos en la prevención, no vamos a vencer esta guerra mundial contra el coronavirus.

Ahora quien más te quiere, no te visita, pues solo permaneciendo en casa podremos detener los contagios y alejar a la muerte de una buena vez de nuestra tierra.

No se trata de sembrar pánico, se trata de tener responsabilidad y sentido común, pues quizás los más jóvenes tengan mayor resistencia, pero si resultan contagiados estarían llevando un asesino a casa que podría dejarlos sin padres, sin abuelos, sin ese hermano con asma, diabetes, o sin cualquier otro ser querido.

De nada vale un mar de periodistas, comunicadores, de personas sensibilizadas intentando transmitir el mismo mensaje, si los receptores prefieren usar orejeras y no nasobucos, si los avezados de la calle prefieren desandar aunque teman a los ataúdes o si los deseos populares de unas vacaciones de repente se han trastocado en interminable aburrimiento.

Se trata de marcar la diferencia entre ganar o perder, la felicidad o la tristeza absoluta, la vida o la muerte. Hoy la solución está en tus manos, quédate en casa, porque mañana, podría ser demasiado tarde (Imagen tomada de ACN).

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Redacción Digital

Editor: Dallamy Liliana Escalona Zambrano
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