Preservar para vivir

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La vida en la Tierra no sería posible sin la luz solar. Pero la energía que emana del sol sería demasiado para que la vida en la Tierra prosperara si no fuera por la capa de ozono. Esta capa estratosférica protege a la Tierra de la mayor parte de la dañina radiación ultravioleta del sol.

La luz solar hace posible la vida, pero la capa de ozono hace posible la vida tal como la conocemos. Así que cuando los científicos descubrieron, a finales de la década de 1970, que la humanidad estaba creando un agujero en este escudo protector, hicieron saltar inmediatamente todas las alarmas.

El agujero, causado por los gases que agotan la capa de ozono utilizados en aerosoles y equipos como refrigeradores y aparatos de aire acondicionado, amenazaba con aumentar los casos de cáncer de piel, cataratas, y dañar plantas, cultivos y ecosistemas.

La respuesta global fue decisiva. En 1985, se adoptó la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono. Bajo el Protocolo de Montreal del Convenio, los gobiernos, los científicos y la industria se comprometieron a trabajar juntos para eliminar el 99 por ciento de todas las sustancias que reducen la capa de ozono.

Gracias este protocolo, se ha logrado ir recuperando paulatinamente la capa de ozono y se espera que vuelva a los valores anteriores a 1980 para mediados de siglo.

Para respaldar el Protocolo, la Enmienda de Kigali, que entró en vigor en 2019, trabaja para reducir los hidrofluorocarbonos, los gases de efecto invernadero con un gran potencial de calentamiento climático y dañino para el medio ambiente.

El esfuerzo internacional conjunto ha permitido la eliminación y reducción del uso de sustancias que agotaban la capa de ozono, ayudando no solo a protegerla para la generación actual y las venideras, sino también a mejorar los resultados de las iniciativas dirigidas a afrontar al cambio climático. Esos esfuerzos han protegido asimismo la salud humana y los ecosistemas, reduciendo la radiación ultravioleta del sol que llega a la Tierra.

Cuba trabaja desde hace más de 20 años en la reducción progresiva del uso de sustancias agotadoras de la capa de ozono, labor coordinada bajo la guía de la Oficina Técnica de Ozono del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Dentro de los resultados principales aparece la eliminación del bromuro de metilo en el sector agrícola, al dejar de emplearse como plaguicida en la fumigación de semilleros de tabaco y en cultivos protegidos de hortalizas, plantas ornamentales y viveros de café, básicamente.

El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que se celebra este 16 de septiembre, aplaude estos logros. Además, es una buena muestra de que las decisiones y acciones colectivas, guiadas por la ciencia, son la única forma de resolver las grandes crisis mundiales.

En este año de COVID-19, que ha traído consigo tantas dificultades sociales y económicas, el mensaje de los tratados para salvar la capa de ozono de trabajar conjuntamente y en armonía por el bien común resuena más que nunca. El lema del día, «Ozono para la vida», nos recuerda que el ozono no solo es crucial para la vida en la Tierra, sino que debemos continuar protegiendo la capa de ozono para las generaciones futuras.

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Redacción Digital

Editor: Dallamy Liliana Escalona Zambrano
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