Jurista por vocación con alma de pedagoga

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“No es que falte a la mujer capacidad alguna de las que posee el hombre, sino que su naturaleza fina y sensible le señala quehaceres más difíciles y superiores…”

                   -José Martí

Sandra Milagro Rubio Rodríguez es una mujer empoderada, segura de sí misma, que se sabe virtuosa, útil, justa. Es una persona de la que brotan conocimientos a la par de las palabras y sobre todo, de la que emana una profunda sensibilidad.

Sandra fue desde pequeña una niña motivada por el estudio, a tal grado, que se convirtió en la primera de su clase en aprender a escribir, logro que agradece a Carmen, la maestra que guarda con cariño dentro de sí, por su sello imborrable de dulzura.

Con mucha emoción habla de su niñez y juventud en la Granjita, barrio de Delicias en el que mantiene su domicilio; y del papel que a lo largo de su vida han jugado sus padres como motor impulsor para su carrera profesional.

Su profunda convicción revolucionaria fue heredada sin dudas de su padre, Erick Saúl Rubio Leyva, combatiente del Ejército Rebelde; y su alto compromiso en aras de ponderar el papel de la mujer cubana, es legado de su madre Feliza Arelis Rodríguez Puig, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas, a la cual acompañaba desde temprana edad a movilizaciones, activos y trabajos voluntarios.

Y así, con el ir y venir, se fue avivando dentro de Sandra, esa llama perceptible, que transmite a los ojos de su interlocutor el orgullo que hoy siente de tomar parte en una organización femenina, única de su tipo en el mundo, y para la cual brinda además de una entrega absoluta, los conocimientos en el campo de las leyes.

Uno de sus mayores retos fue enfrentarse por primera vez a un juicio, pero logró vencerlo gracias a su sentido de justicia social, ese que también la motivó a ser fundadora y colaboradora de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, en Puerto Padre, y a trabajar en la línea de violencia contra la mujer, contra niñas y adolescentes, con el único objetivo de incentivar en las féminas la lucha por sus derechos ante la sociedad, pues al decir de Sandra, “la mujer no debe ser ni más ni menos que el hombre, sino que ambos deben luchar a la par”.

Destacan dentro de tantos reconocimientos a su abnegación y valía, el sello 40 Aniversario de la Unión de Juristas y la medalla 23 de Agosto, conferida en el año 2001, fecha en la cual el regocijo fue múltiple, al pronunciar emocionada las palabras de compromiso de las federadas tuneras, en el memorial Vicente García.

Y llegamos a un punto de la conversación, en el cual se dibujó en su rostro una sonrisa plena y afloraron los sentimientos maternos que profesa no solo por Fernando Miguel, su hijo, sino que comparte con niños del seminternado Manuel Ascunce Domenech, en Puerto Padre, con los cuales desarrolla intercambios sobre los derechos del niño y la niña, en el círculo de interés Por un Mundo al Derecho.

Sandra se siente feliz, realizada, lo confirma su postura al hablar, el tono de su voz, las manos inquietas.

Hoy es miembro del Secretariado municipal y no profesional de la Federación de Mujeres Cubanas, por segunda vez, y eso llena de brillo su mirada.

Solo le restan por cumplir entre sus sueños: escribir un libro y no cesar en su empeño de superación profesional.

Sandra Milagro Rubio Rodríguez es ejemplo, abnegación, fortaleza, sacrificio, es federada, jurista por vocación con alma de pedagoga, es sencillamente una mujer cubana.

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