Los derroteros sobre el pentagrama
Por: Julián Puig Hernández.
La versatilidad es un don y puede
cultivarse mejor cuando se tiene la dicha de contar con
alguien dispuesto a hacerlo. Ailín Álvarez Álvarez terminó el
sexto grado en la escuela primaria Manuel Ascunce Donenech
y ahora tiene ante sí el próximo paso: la
educación de secundaria básica.
Sin embargo, desde los nueve años, Ailín,
se ha hecho el propósito de ser cantante; o mejor
aún, ser actriz.
Dice que esa inclinación le llegó fortuitamente,
cuando por razones familiares fue a su casa Alcibíades
Puig, gran amigo de sus padres y le hizo una prueba de
voz. Luego vinieron canciones como Florecita silvestre,
Canción a Puerto Padre, Amigo Caracol y así hasta
llegar a más de veinte.
Ha tenido el reto de festivales
como “Cuba, qué linda
es Cuba”, el de la Organización de Pioneros
José Martí y esos programas tan diversos
que convocan las instituciones sociales y culturales del
territorio donde su disposición siempre ha sido
la mejor.
No se trata sólo de ir a un festival, subir a un
escenario y cumplir la meta de vencer el miedo escénico
que ese momento tiene, sino de hacerlo bien. Ailín
dispone de una voz singular y su afinación impecable
hace que esté entre los mejores talentos del territorio.
Recientemente, durante el “Cuba, qué linda
es Cuba”, los especialistas quedaron maravillados
por el talento que subió a las tablas y en el guión
estaba nuestra entrevistada.
“Me gusta mucho el teatro, al igual que me gusta
bailar”, nos dice sin titubeos, con esa emoción
que emana de los deseos ya determinados en una edad tan
prematura.
Sus hermosos ojos se mantienen
inquietos, buscando en las preguntas que le llegan, las
respuestas más
convincentes.
“Cuando sea grande me gustaría ser actriz,
y hacer una película que tenga que ver con la música,
con el arte” afianza su convicción.
Resulta difícil creer que
tiene miedo responder las preguntas, porque lo hace con
facilidad y sin temblarle la voz.
Cuando sube a escena tampoco se
le nota nerviosa, todo lo contrario, demuestra dominio
de la escena y se le ve concentrada en la poética que resulta de la letra
y la melodía.
“Me gusta la guitarra, pero el que más me
gusta es el violín” me dice cuando le pregunto
sobre sus instrumentos musicales favoritos.
Sus padres, Odelmis Álvarez, abogada y Raúl Álvarez,
es ingeniero, al parecer nada resulta afín, sin
embargo hay virtudes que se heredan y eso nadie puede ponerlo
en dudas. Ellos, con profesiones que aman, también
llevan por sus venas pentagramas latentes.
Históricamente Puerto Padre ha sido cuna de músicos,
el territorio es pródigo en este género y como
Ailín pueden verse no pocos niños que interpretan
canciones con precisiones laudables. |