Aprender a vivir con los años
Por: Rosa María Ramírez Reyes.
Se le ve caminar despacio, con pelo blanco, corazón henchido y voz pausada, así es el adulto mayor; persona respetada y querida no solo por los años, sino por la experiencia acumulada en el decursar de la vida.
La mayoría con nietos y bisnietos que le miman en acto de reciprocidad. Todos con igualdad de derechos. En el país se garantiza la salud y asistencia social a mujeres y hombres de la tercera edad, también la posibilidad de seguir aprendiendo, a pesar de los años.
Para ese noble propósito aparecieron las Cátedras del Adulto Mayor, programa educativo dedicado a la ancianidad que desde su creación beneficia a más de 400 longevos, de Puerto Padre.
Con escenarios diferentes en la localidad, la cátedra propicia la participación en eventos científicos y culturales. Un ejemplo de ello es la Gran Peña que tiene lugar una vez al mes en la Casa de Cultura Enrique Peña, de esta ciudad, donde el talento de los adultos mayores se mezcla con la alegría de existir y convierten la tarde dominical en un importante momento para avivar los añejos corazones.
Maestros, dependientes de tiendas, amas de casa, oficinistas, se juntan en cada jornada para aportarse unos a otros el conocimiento imprescindible que les permita sentirse útiles para desafiar el cansancio de los años. La Cátedra del Adulto Mayor es fuente necesaria para la sabiduría en la tercera edad, igualmente es una opción más para cubrir el tiempo libre.
En el territorio para asegurar una vejez con óptima calidad además del amplio acceso a la Cátedra del Adulto Mayor el Estado destina recursos para la reparación de los hogares de ancianos de Vázquez y Delicias y la edificación de un inmueble en la ciudad de Puerto Padre.
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