Isla de la diferencia
Por: Graciela Guerrero Garay.
La mayoría de los jóvenes cubanos son de
origen humilde, sino todos. Pero lejos están de
ser exactamente iguales a como los “pintan” las
informaciones de los medios de comunicación que,
en su aberrante campaña de difamación contra
este país caribeño, los estigmatizan como
insatisfechos, reprimidos, adoctrinados y perseguidos,
sobre todo por una ideología comunista que les lava
el cerebro y les quita la libertad.
Una mentira tan ingenua y descarada
que, las más
de las veces provoca risas sin rabias de más, pues
en Cuba las chicas y chicos, también en mayoría,
pecan de ser tan libres y sentirse tan seguros que los
padres verdaderamente responsables y educados con sólidos
preceptos morales, pasan sus aprietos domésticos
para orientarlos en los horarios de regreso a casa, la
selección de pareja, la protección sexual
a temprana edad y todo ese complejo mundo de aprendizaje
que se mueve alrededor de los adolescentes.
El consumismo es otra cosa. Ahora,
luego de las graduales transformaciones tecnológicas en el planeta, de
la apertura del turismo, del cambio social de códigos
estéticos, la influencia directa e indirecta de
la transculturación y la de los medios masivos de
comunicación, sobre todo la televisión, los
videos juegos y los musicales, esta generación de
los 90 tiende a moverse en coordenadas muy dispares en
motivaciones e intereses que la de sus padres.
Sin embargo, eso no quiere decir
que no mantengan vivas las esencias históricas y la sabia adquirida desde
sus abuelos. Las contundentes pruebas están no sólo
aquí en la Isla, sino en numerosos países
de la tierra. Los llamados programas priorizados de la
Revolución fueron creados con jóvenes, están
llenos de jóvenes y siguen cosechando éxitos
y aportes a la Revolución con los jóvenes,
los cuales apenas ahora, a casi una década, todavía
no alcanzan los 25 años.
Hoy, cuando el Día Internacional de la Juventud
se desparrama sobre el planeta, los cubanos pueden hablar
de diferencias. No esas negativas que la gran prensa quiere
imponer como imagen de nuestra juventud, , sino de las
positivas, las que valen y hacen valer que aún es
posible un mundo mejor, una vida sana, una sonrisa pura,
una idea que comparta, reparta, enaltezca, espiritualice
y separe al hombre del lobo.
Toda Cuba este miércoles en la noche será una
inmensa Rueda de Casino. No donde se apuestan fortunas,
se echa a girar una ruleta o se mueven las cartas. Sino
una gran rueda de baile, de música cubana, de agradable
competencia para mantener vivo el inmortal ritmo del son,
que tampoco ha podido silenciar el emporio informativo
pagado para desvirtuar la esencia de nuestros pueblos.
Y quien se asome a las pistas bailables encontrará hijos
de campesinos, de obreros, blancos, negros, mestizos, todos
girando y cantando sin miedo a una bomba, a mangueras de
agua, a secuestradores.
Hasta la violencia en Cuba tiene
lecturas diferentes y los índices más bajos de América
Latina. Y sucede, porque somos humanos y no máquinas,
como en todos los lugares de la tierra, pero es privativa
de los estereotipos humanos, no resultante de políticas
de gobierno o divisiones de clase.
Entonces, por todas esas cosas
que pasan hermosamente acá y resaltan la calidad humana y de vida que garantiza
nuestro proyecto socialista, sin ser perfecto ni estar
terminado aún, este jueves 13 de agosto, coincidentemente
con el 83 cumpleaños de Fidel, la juventud se irá a
los campos a sembrar, a cultivar, a limpiar surcos, a producir
para tener alimentos mañana, paliar la aguda crisis
económica mundial que nos afecta y sustituir importaciones.
Y también los verás felices, conversando,
cantando, de la mano, amigos y compañeros, repartiendo
entre todos el pan y el agua que alguno de
ellos decidió llevar en la mochila. Y al final,
regresar a casa, para volver a la pista a bailar.
Todavía no he leído las noticias, pero no
dudo en encontrar titulares tan patéticos como “El
día internacional de la juventud bañado de
sangre en Europa”. “Disuelta con gases una
manifestación estudiantil en… Y en estos
puntos suspensivos que dejo abiertos con toda intención,
bien podrá leerse el nombre de cualquier nación
del primer mundo, América Latina y hasta los propios
Estados Unidos, esa meca riquísima también
en andar en calzoncillos, pidiéndoles a los países
lo que él mismo no se da.
El Día Internacional de la Juventud en Cuba es
un buen día, sin dudas. Es una fiesta enorme que,
por suerte, no necesita de los aparatosos juegos de luces
y los efectos de los escenarios para resaltar ni convocar.
Le sobra lo que ya casi está extinguido en el planeta:
amor verdadero, fe y confianza en que es posible ese mañana
mejor que con más brío vamos dibujando.
Hace mucho esta enorme mayoría de jóvenes,
momento a momento, lo ha ido acercando. Tampoco la gran
prensa lo reconocerá Nadie gusta morderse
la punta del rabo, ¿o sí?, digo yo.
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