Infinita devoción
Por: Raúl Martes González. (Fotos)
Amor de madre, ningún otro puede enlazársele, porque solo él rebasa hasta la hondura del alma de los seres humanos, que es siempre gesto limpio en su reino, y aunque haya pequeñas sombras en el árbol de la vida, son mayoría las bellas historias.
Walfrido Ramón Amat Pérez vive desde hace seis años con un riñón de su mamá Inés María Pérez Pozo. Ambos gozan de perfecto estado de salud, en la ciudad de Puerto Padre.
El joven de 23 años llega un día al hospital Guillermo Domínguez López con fiebre alta y dolores de cabeza; le atiende el doctor Ángel Manuel Tundidor, especialista de segundo grado en Urología, quien diagnostica insuficiencia renal, consecuencia de una glomerolopatía membranosa.
Cuenta Inés que ella y su esposo (Ramón Amat Moro), padre de Walfrido, enterados del problema, toman la decisión de trasladarlo al Instituto de Nefrología, en La Habana. Allí plantean la disposición de someterse a un estudio con el fin de comprobar si podrían ser donantes. Sugirieron la idea a los doctores Alexander, Reynaldo y Juan Carlos.
Los expertos tuvieron coincidencia en investigar, pues en Cuba se aceptan las donaciones de padres a hijos y de hermanos a hermanos, en asuntos de donantes vivos; también, por accidentes.
Pruebas adecuadas determinaron compatibilidad en ambos casos, pero Inés determinó ser ella donante del riñón que necesitaba su hijo. “Como madre, lo tuve en mi vientre nueve meses y hacer esto por mi hijo, sería como volverlo a parir”.
Vinieron días de ingreso y trasplante que culminó en éxito, no obstante estar los riñones del joven fuera de lugar por una malformación; médicos y enfermeras eran responsables las 24 horas de curar, alimentar y asear a sus pacientes hasta el momento del alta.
La vigilia al estado de salud de Walfrido después del alta fue semanal, se prolongó cada 30 días y ahora el chequeo es cada seis meses, en La Habana. La atención incluye cesión de medicamentos, que el transplantado recibe de forma gratuita de por vida.
Desde el 10 de julio de 2003 Walfrido vive con un riñón donado por ese ser que le volvió a dar luz al amado hijo. Según sus palabras, ella no siente la ausencia del órgano y él vive como si en el interior le funcionaran dos.
La madre cuando está, el hijo no necesita mejor sostén por su infinita devoción, y cae desde esa altura, penosamente, desde que deja de reconocerla.
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