El farmacéutico: fiel aliado de médicos y pacientes
Por: Raúl Martes González. (Fotos)
En su casa, a unos pasos de la bahía, Vicente Ferrer Quesada Mora vive satisfecho el Día del Trabajador Farmacéutico. Antes dedicó 48 años al oficio de leer acertijos de los médicos y servir con debida cortesía a la población, de Puerto Padre.
“Yo pienso que deben escribir más claro”, dice sonriente el jubilado del sector de la salud, quien hoy recibe el homenaje.
La “Farmacia de Simón”, de 24 de Febrero, le queda de recuerdo durable, pues fue en ella donde inició las labores y tuvo la primera escuela de boticario, en 1954. Muy pocos tuvieron la oportunidad de llegar a este empleo de lujo.
Vicente agradece las enseñanzas, primero, de Aurencio Escalona y Gaspar Martínez, técnicos de mucha experiencia, y luego, de la doctora Mencía Guillén. Después del triunfo de la Revolución, a la que sirvió como combatiente de la clandestinidad y miembro del Ejército Rebelde, se graduó de técnico de farmacia.
En aquel tiempo solo existían las boticas del doctor Rodríguez, de los señores Diéguez, Palacio y Simón, radicadas en el centro de la ciudad.
Varios tipos de medicamentos procedían de laboratorios estadounidenses, ubicados en Camagüey, y otros eran elaborados en las farmacias de esta región; por ejemplo, yodo tánico, emulsión scott, jarabes, cocteles, ungüentos. Hubo una pomadita de mucha demanda que nosotros elaborábamos, rememora Vicente Ferrer, le llamaban “Cúralo todo”; para este y otros preparados había un libro de fórmulas.
Era una época de mucho empirismo. Entonces no existía en Cuba una industria farmacéutica como la de hoy, bajo control del Estado sobre la base de políticas incluyentes de los últimos adelantos de la ciencia y la técnica.
Más de doscientos trabajadores laboran ahora en el sistema municipal de farmacias, unos licenciados, otros técnicos medio, que agrupa unidades de servicios públicos en la Villa Azul, cayo Juan Claro, Delicias, San Manuel, Maniabón y Vázquez.
Yo creo que a mis colegas de hoy les falta mejorar la cortesía, aconseja Vicente; antes lo primero era tratar bien al cliente, inculcado por el propietario, no por ser tan buena persona sino por buen comerciante; no digo que todos eran iguales, conocí al libanés Simón, y nadie se iba de su farmacia sin la medicina indicada, aunque le faltara el dinero para pagar.
En su libro Cronología de Puerto Padre, el Historiador de la Ciudad, Ernesto Carralero Bosch, narra que la primera droguería fue creada al finalizar la Guerra de 1868 por el doctor Pedro Maceo Chamorro, quien es considerado el primer boticario del lugar.
La labor que es suceso de riqueza humana, en espíritu de mujer y hombre se envuelve como mezcla de creación para el servicio útil. Esta, al igual que otras, puede ser dedicatoria justa hoy, cuando se celebra el Día del Trabajador Farmacéutico. |