Fiesta del Libro en Puerto Padre. Viaje a la semilla (+Audio+Video)

Ámbito cultural

La Feria del Libro, en Puerto Padre, ahora se llamará “Fiesta” por poseer un carácter mucho más discreto, en cuanto a cantidad de títulos y ejemplares a comercializar. Los días 25, 26 y 27 de abril volverá, este acontecimiento cultural, a la Villa Azul, luego de una celebración provincial en la que se vieron altibajos, no solo en la venta de libros, sino en una escasa presencia de escritores foráneos y un programa literario poco atractivo.

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Puerto Padre, es un pueblo lector y las ventas históricas de libros lo demuestran, además, cuenta con una treintena de escritores en activo, cuya producción literaria en casi todos los géneros, rebasa los 150 títulos, desde los mismos inicios del siglo XX.

No hay mejor juez que el tiempo

Apreciar un video, resumen de la Feria del Libro del año 2003, en Puerto Padre, me crea una desazón difícil y me confirma el detrimento que sufren estas celebraciones.

La Feria, de Puerto Padre, estaba en igualdad de condiciones con su homóloga provincial; asistían los escritores a quienes se le dedicaba el programa a nivel de país, junto a un mayor número de funcionarios relacionados con el mundo del libro. La edición 12, fue la primera Feria, en el territorio, en el período revolucionario y decidió honrar el quehacer literario de Pablo Armando Fernández. Luego de un calendario intenso, en su periplo por toda la isla, y pese a su edad, el homenajeado estuvo presente en varios momentos de la Feria de la localidad. También la ocasión fue propicia para agasajar al autor del patio Renael González Batista.

Existía mayor compromiso y respaldo de las entidades municipales, para facilitar los mejores locales en función de esta multitudinaria celebración cultural, que demostraba ser un evento de pueblo. La librería gigante radicó en los que es, hoy, el mercado industrial El encanto, con una elegancia sin precedentes.

El programa literario, por su parte, era exigente, organizado y se apoyaba en lo mejor de las manifestaciones artísticas y de todas las instituciones culturales, que se centraban en promover cientos de títulos para un variado público, balance que en la actualidad no existe.

Las delegaciones de escritores de todo el país compartían sus presentaciones en la localidad, al tiempo que fortalecían los programas para crear útiles espacios de confrontación. No podemos olvidar las visitas de Guillermo Vidal con sus lecturas hilarantes, la presencia de Lisandro Otero y su diálogo a teatro lleno con los lectores, la avidez con que la gente buscaba la novela de Daniel Chavarría luego de su lanzamiento. Se recuerda la vista de Miguel Barnet, Reynaldo González, Abel Prieto y tantos otros autores del país que nutrían los programas y viajaban de una sede a otra en Las Tunas, sin que ningún espacio se afectara, más bien crecían.

Puerto Padre marcó el rumbo de los libros como parte de su vida cultural mucho antes

Corría el año 1952, jóvenes puertopadrenses pertenecientes a la logia Los Perseverantes, de visita en La Habana, por motivos de una conferencia de esa organización, pudieron apreciar el desarrollo de aquella fiesta de la lectura. Entusiamados, sugerieron que se realizara una similar al año siguiente en Puerto Padre.

El periódico “Sábado” del 30 de Mayo de 1953, anuncia en sus capsulares que aquella primera Feria, pensada inicialmente para el 20 de mayo, en el año del Centenario del Apóstol, se posponía para los días del 4 al 7 de junio del mismo año, con extensión para los barrios de Delicias y Vázquez.

En la fecha prevista el parque José Martí, de la Villa Azul, acogió la iniciativa con la Banda Municipal de ConciertosDurante sus más de 100 años de existencia, la banda puertopadrense ha tomado parte en los principales acontecimientos sociales en su territorio, principalmente en las retretas semanales en el anfiteatro del Parque de la Independencia, su actividad comunitaria de mayor reconocimiento público. y las palabras inaugurales fueron del profesor y pastor de la Iglesia de Los Amigos Cuáqueros, Juan Sierra, director también del Colegio Wilmington junto a Gonzalo A, Rafael Román, Julio Ochoa Calderón y el alcalde d esa época Amado Escalona Mastrapa.

Se tienen pruebas de que la celebración, contó con el apoyo de la Librería Económica de La Habana y que se nutrió también de los donativos de libros que realizó el pueblo.

Una nota del rotativo “Sábado” precisa: «había libros para todas la edades y con precios de acuerdo a su categoría: de filosofía, letras y artes y de cuanto exista de interesante para una amena lectura».

La experiencia, se repitió al año siguiente, en la misma fecha, pero con un día adicional y con inclusión para el barrio de Chaparra.Se añadió, también, la primera libre exposición de dibujos y pinturas con el propósito de que cada creador aportara el 20 porciento de la venta de sus obras para el transporte y la organización del encuentro, que se realizó previo al 59, en contadísimos pueblos de Cuba.

Conviene viajar a la semilla para confirmar que, cuando los pueblos sienten como propios sucesos socioculturales de esta índole, se necesita mucho diálogo y reflexión para que no menguen, sino para mantenerlos y hacerlos crecer, como buenos árboles que cobijen el espiritu de la nación.

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