Colegio Wilmington de Puerto Padre antes de 1950

Colegio Wilmington en Puerto Padre: década de los 50 entre tensiones económicas y empeños educativos (+Audio+Fotos)

Rincones de mi ciudad

Puerto Padre, 16 de nov (RL) – Este 14 de noviembre se cumplieron 117 años de la entrada de misioneros Cuáqueros por el puerto de Gibara. Puerto Padre tiene la huella educativa de Emma Philips una de aquellas misioneras que fundó el Colegio Wilmington en 1904.

Bajo el título: Son muchos los que la necesitan, el periódico SábadoSemanario puertopadrense de la década del 50. Director Gerardo González y se imprimía en la imprenta de Hnos. Faura., anunciaba en primera plana el 30 de septiembre de 1950, el otorgamiento de una beca a un estudiante pobre de sexto grado, para que continuara sus estudios completamente gratis, ya fuera en la Academia Fajardo o en el Colegio Wilmington. El semanario, pagaría una beca para cada curso e instaba que otras instituciones hicieran lo mismo.

La iniciativa fue un eficaz estímulo. El 13 de enero de 1951, Sábado precisa, que los becados de Wilmington eran: Ondina Mas, por el Banco Agrícola, Hilda Almaguer por el Banco de Puerto Padre, Reynaldo Tanda, becado del Casino Español y Heriberto de la Rosa, becado por Trinidad y Hermano (firma Cigarrera), la señorita, Teresa Alfonso, era becada por el periódico Sábado.

Pero, esta buena acción tuvo reacciones no bien intencionadas y en ese mismo año, los becados escriben una carta de respuesta al director del Localista para desmentir que Gerardo González, en su cargo de subdirector del Colegio y director del periódico, Sábado, los presionaba para que ingresaran al Colegio Wilmington y así inyectar económicamente la institución. Muestra de aquella falacia era que la señorita, Teresa Alfonso, había escogido la Academia Fajardo. El director del Localista acusaba a Gerardo de hacer negocios con las becas recibidas.

En la década del cincuenta el colegio afrontaba serias dificultades económicas debido a la merma en las matrículas por el ingreso de algunos de sus estudiantes a colegios recientemente abiertos, como el Colegio de Puerto Padre y la Escuela Pública Superior lo que provocó un déficit, cada mes, de hasta un 30 por ciento de sus finanzas. El Colegio de Puerto Padre fue una fuerte competencia, por su condición de no tener limitaciones de ningún tipo, fundado por el propio Gerardo González.

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Una de las inversiones más importantes que realizó la institución educativa Wilmington fue el ala derecha, que se agregó al antiguo colegio y que contaría con mejores condiciones arquitectónicas, de ventilación y la posibilidad de matricular a nuevos alumnos en un nivel de enseñanza superior. Esta ala, se terminó en 1950 y se dedicó a Emma Philips y a Mercedes Puig de Casado de cuya familia provenía el grueso del costo constructivo ascendente a 6000 dólares, de los cuales 4000 había aportado este matrimonio de Mercedes y Miguel, radicados para esa fecha en Estados Unidos.

Así corrobora la Secretaria del patronato Wilmington Mirtha De La Rosa Gutiérrez:

En un informe al plantel educacional de Los Amigos, que ofreció Juan Sierra, de enero a diciembre de 1953, explicaba mejorías en las condiciones internas del centro, de acuerdo al crecimiento de la matrícula en abril, ascendente a 162 alumnos y los beneficios de la zafra azucarera. Este superávit fue utilizado en la sustitución del piso de losas por uno de madera que según los padres se hundía y provocaba a los estudiantes catarros y molestias.

En ese texto consta que para asumir dichas reparaciones hubo que pedir un crédito de 250 pesos, cifra que demoraron en reponer al Banco de Puerto Padre debido a su limitada recaudación en los meses siguientes.

Se adquirió, también, un reloj eléctrico de muy buena calidad y se colocó un tabique de madera para separar dos aulas. Se colocaron lucetas de vidrio y madera en la nueva construcción. Este elemento junto a las cenefas alrededor de las ventanas que nunca se hicieron, aunque eran parte del estilo arquitectónico, nos hace pensar que el factor financiero tuvo una gran declinación en esta etapa.

La competencia con otros centros de enseñanzas era muy desigual y su director Juan Sierra se esforzaba y convocaba a crear condiciones, aunque eso sumía al centro en situaciones verdaderamente preocupantes para las cuales ni la iglesia ni el aporte de donantes y estudiantes que oscilaba entre los 90 y 110 matriculados por cursos, eran suficientes para cubrir los gastos internos.

Otra cuestión que no favorecía, era que los hijos de maestros y maestras, 12 en total, no pagaban cuotas y eran considerados becados. También, se consideró descontar del sueldo de los maestros el pago a sus hijos, si no realizaban algún trabajo social.

Hay documentos que dan fe de una convocatoria de recaudación el primero de mayo de 1953 para pagar la deuda con el banco de Puerto Padre, a beneficio del colegio e Iglesia.

Matrimonio Juan Sierra y Hortensia Bolet, principales impulsores de la obra educativa del Wilmington a partir de 1946.
Matrimonio Juan Sierra y Hortensia Bolet, principales impulsores de la obra educativa del Wilmington a partir de 1946.

Se estudiaron las posibilidades para crear condiciones e internar a estudiantes que vivían en zonas distantes de la localidad, pero estos intentos fracasaron debido a la difícil situación económica. Aunque no había habitaciones, como en los colegios homólogos de Banes y Holguín para internos, algunas estudiantes que vivían en los barrios de San Pedro de Los Agarrobos, Delicias y Vázquez, se alojaban en la casa pastoral, como Zoila Simón y las hermanas Mirta, Irma y Rosa Escalona.

En uno de los documentos se promueve la posibilidad de matricular a internas y semi- internos.

Según testimonio de Ludgarda Plá, compartían el almuerzo en la terraza y Hortensia Bolet, esposa de Juan Sierra, les persuadía con amor para que no desperdiciaran los alimentos y se sirvieran solo lo que iban a consumir, aunque podían comer cuanto quisieran, pero la regla era no dejar nada en los platos, obedientes a una formación cristiana de austeridad, proveniente de los Cuáqueros a partir de sus experiencia de hambruna durante las guerras en Estados Unidos y también en Cuba.

Pensiones de los alumnos de acuerdo al grado que cursaban.
Pensiones de los alumnos de acuerdo al grado que cursaban.

La entrada por las cuotas de estudiantes, sin fallar un solo cobro, fue de 374,50 en diciembre del 53 y los gastos ascendían de 392 pesos y ello porque su director no devengaba salario.

No obstante, la institución impulsaba un compromiso social para determinadas fechas de trascendente importancia. Los estudiantes de séptimo grado confeccionaron manualidades para donarlas el día del nacimiento del apóstol de la independencia cubana José Martí, en el centenario de su natalicio y luego asumieron que podían hacer mayor aporte y decidieron entregar una canastilla junto a los de octavo grado, a la madre pobre que diera a luz con mayor proximidad a las doce del 28 de enero. La canastilla se mostró en las vidrieras del El Encanto y la mereció la señora, Elda Alvero Pérez.

Maestros y niveles de enseñanzas

El panel de maestros de la institución era muy prestigioso, nombrada como decana de los colegios de la época. Gerardo González junto a Benito Romañach, Antonio Amado Escalona (alcalde al año siguiente), José González Gómez, presidente de la Junta de Educación, fueron nombrados para informar la situación de la educación en Cuba a principios de 1951, sobre algunas acciones llevadas a cabo para evitar que muchas aulas permanecieran meses y hasta años sin maestros.

Parte del claustro del Colegio en los años 50
Parte del claustro del Colegio en los años 50

Ludgarda Plá (luli) graduada de octavo grado, en 1952 refiere que sus maestros fueron:

Preprimario o prescolar: Luz Digna Ochoa (hermana del Doctor Julio Ochoa)

Cuarto Grado: Alma Ajo Berencén

Quinto grado: María Emilia Bosch, luego directora del Colegio Wilmington y que impartía clases de pintura.

Sexto grado: Hotensia  Bolet (esposa de Juan  Sierra) se hacía cargo de las asignaturas de  Español, Inglés y Economía Doméstica.

Demetrio Rivero y Gerardo González, éste último profesor de matemática.

Séptimo grado: Parmenio Iglesia Varón, impartía geografía e historia.

También menciona a la maestra María Moll Álvarez, sin precisar asignatura. 

El 1 de abril de 1950 Juan Sierra informa que los exámenes parciales se desarrollaron en La Escuela Primaria Superior (ala moderna) y fueron presenciados por el culto y competente Juan Deruville, inspector del Distrito Rural. Los resultados fueron los siguientes:

Niveles de enseñanza del Colegio Wilmington
Niveles de enseñanza del Colegio Wilmington.

Primer lugar del primer grado: Nancy Blaza.

Segundo Grado: Ronald Leyva Casimiro, (devino importante escritor puertopadrense)

Tercer grado: Inés Morell

Quinto grado: Gladys Izquierdo

Sexto Grado: Nidia Sánchez.

Séptimo grado: María Lucila Villegas, (Lucy Villegas), fundadora junto a Celia Sánchez del Parque Zoológico de la Habana y directora de esa institución durante muchos años.

Octavo grado: Sila Mariño.

Primer año de bachillerato Martha Faura, hija de José Faura García, dueño del Casino Español y jefe de redacción de Sábado, también uno de los dueños de la Imprenta Hermanos Faura.

En esos años el Colegio Wilmington cuenta con aulas de Kindergarden y preprimario y además de atender esos programas curriculares ofrecía cursillos de verano donde se preparaban a los estudiantes para ingresar a los institutos y otros centros de segunda enseñanza.

Se ofrecían repasos para asignaturas separadas del bachillerato.

En el curso 56-57 los documentos declaran que se ofrecían siete niveles de enseñanzas: Bachillerato, comercio, preparatoria, kindergarten, preprimario, enseñanza elemental y superior.   

Asumido como un ministerio de la iglesia, el Colegio Wilmington, de Puerto Padre, en la década del 50, del siglo pasado, afrontó serias dificultades económicas para su sostenimiento, no obstante, mantuvo índices en la calidad de la enseñanza de acuerdo a la entrega de su claustro, pese a que sus maestros recibían sueldos ínfimos por la baja recaudación del centro y otros factores mencionados.

Fotos  cortesía Ada Gómez, y Mayra Pérez, antiguas alumnas del Wilmington.

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