El valor de las personas

Opinión

De las carencias de la vida, la de la calidad humana es a mi juicio la que más abate y daño hace a la sociedad. La alimentación, el techo, el vestir, las finanzas pueden solucionarse, pero los perjuicios ocasionados por el mal corazón de una persona, ese aprieta duro y los perjuicios son tan duros que rara vez encuentra alivio.

En las últimas jornadas son visibles deambulando en calles de la ciudad ancianas y ancianos, que tienen familias, mas, estas no se preocupan por ellas y ellos.

Aunque existen instituciones estatales  que garantizan cobija a estas personas, la responsabilidad mayor es de hijas e hijos, quienes ante el código de familia, la constitución y otras normas jurídicas tienen el encargo de hacer por sus parientes hasta el fin de sus días.

Malas, muy malas son esas gentes que dejan a la deriva a madres y padres, abuelas y abuelos, porque sencillamente ya no le sirven o no caben en la casa que un día fue de ellos.

Las donaciones de viviendas en pleno juicio de adultos mayores o transmisión de otros bienes han dado al traste con la realidad que en cualquier rincón usted divisa, unas más acentuadas que otras.

Porque la violencia sicológica, económica y hasta física hacia la ancianidad tiene rostros en nuestros barrios.

El peso de la justicia tiene que aleccionar a quienes crean todo un show para mandar a la calle a sus madres y padres. Esas  manchas que aún subsisten en la sociedad actual han de borrarse ya no con la persuasión de grupos de trabajo comunitario, de comisiones de prevención, sino con el actuar enérgico de las instituciones y organismos competentes.

Cierto es que en la profilaxis está la clave, si en el principio las organizaciones de masas, trabajadores sociales pueden contribuir es lo mejor, pero, cuando sucede no puede dejarse pasar el tiempo, hay que actuar de inmediato para que el mal tenga cura y no anden por ahí a merced de la caridad de otros y la intemperie.

Hay lugares estatales como hogares de ancianos, pero creo usted coincida, allí las capacidades limitadas por cierto se destinan a quienes por azares de la vida no tuvieron frutos y quedaron solos, estos a los que me refiero y a quienes no pueden perder de vista Salud, Justicia, el Minint y trabajo, además del órgano de gobierno hay mecanismos para hacer cumplir a sus familias las obligaciones.

Ayudar a que no aparezcan más ancianos en nuestras calles es deber sagrado de todas y todos.

Del ideario martiano nos llega que es cosa bella amar a nuestros ancianos, no permitamos que la pobreza de espíritus de unos empañe la grandeza de la mayoría contribuyamos a exigir que la legalidad se restablezca y cada quien cumpla con lo que le toca.

Rosa María Ramírez Reyes
Rosa María Ramírez Reyes

Máster en Ciencias de la Comunicación, con mención en Periodismo. Seducida por «el mejor oficio del mundo», desde 1995 destaca las historias de vida y los hechos que relatan el hacer de nuestra gente. Los premios y reconocimientos, en su esencia, tienen la pasión por el ejercicio de la profesión. Enseñar a nuevas generaciones también es encargo que asume.

https://cronicasdelpuerto.wordpress.com/

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