Guerra de Plata, Lisandra de Oro (+Fotos)

Deporte

Lisandra Guerra lo aseguró y las lágrimas brotaron tras un pedaleo redondo en el bello velódromo de Lima: su medalla en el keirin de los Juegos Panamericanos era la más importante de su carrera. En poco más de un minuto y seis vueltas al óvalo hizo que Matanzas, su provincia natal, y Cuba entera pudiera emocionarse con su sprint final en los últimos 120 metros. ¡Fue de plata, pero muchos la sentimos de oro!

Tras una clasificatoria en la que no pudo acceder directo a la final, la yumurina salió a buscar su cupo en una ronda de repechage y lo logró con un avance de lo que viviríamos a las 7:23 de la noche. ¡Era la misma guerrera de medallas mundiales juveniles y de mayores, la que nunca se ha dado por vencida por más caídas y obstáculos puestos, la que después de ser madre de Thiago volvió a la pista para regalarle a su hijo lo mejor que sabe hacer: ganar y ganar!

Por sorteo le tocó el puesto más incómodo a la hora de discutir las medallas. Era la última detrás de la moto y solo después de la tercera vuelta pudo acomodarse detrás de la rueda de la colombiana Martha Bayona. Así lo había planificado con su entrenador Francisco Leguén y tocaba cumplirlo. ¡Se levanta en biela!, tiene que pasar a cuatro pedalistas si quiere un lugar en el podio. ¡Un tironazo más y se cuela por el medio, por el lugar más difícil!

Lisandra decide en fracciones de segundos. Es ahora, todo o nada. Por arriba del peralte tendría un recorrido más fuerte, tendría que superar a tres corredoras y la presea más lejana. ¡Faltan ya 60 metros! Abre las turbinas y la cabeza se inclina más sobre el manubrio. ¡Fuerza, fuerza, arriba, arriba! Ya está entre las tres primeras. ¡Levanta la vista y la rueda de Bayona está ahí! Un pedalazo más, codos afuera, músculos crecidos… Lisandra es segunda,  Lisandra es subtitular, Lisandra es plata… ¡Coñoooo, qué carrera, qué grande, qué mujer!

Hasta aquí la emoción parecía imposible de superar. La ciclista que solo llevaba un año y tres meses de entrenamiento, que no había obtenido medallas en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe, que no había participado en ninguna competencia desde entonces -ni Copa del Mundo, ni invitación internacional ni nada-, había reditado su lugar de hace cuatro en Toronto. Lo escribe el periodista fácil, pero implica cuatro viajes semanales de La Habana-Matanzas, separación familiar, sacrificio y no pocas incomprensiones y obstáculos humanos y materiales.

Sin embargo, Lisandra se encargó minutos más tarde de remover otros sentimientos con la confesión de un ícono del ciclismo cubano y de América.

“Es mi quinta medalla en Juegos Panamericanos (1-4-0), pero es la más importante de mi carrera no solo por el hecho de la maternidad y de haber estado alejado de las pistas, sino por muchas otras cosas que debí vencer y sería difícil de enumerar ahora.

“La ansiedad de no competir desde hace mucho tiempo me traicionó en el primer heat. Sé que ya no soy tan rápida, pero ahora tengo más potencia y más resistencia. La velocidad es un evento un poco más difícil para mí porque hay nivel mundial en América, pero voy a salir igual, a dar la guerra de siempre.

“Extraño mucho a Thiago, pero estoy tranquila, porque sé que él pudo verme por la televisión y decir: mamá, mamá, dale, dale, gana, gana. Esta medalla es de oro para él”, y rompió a llorar con el placer de haber complacido a su único hijo.

El cronista apagó la grabadora y tuvo ganas de confesar que no solo Thiago dijo eso. Pero Lisandra se alejaba y con ella una de esos momentos inolvidables de estos Juegos Panamericanos sobre los que habrá que volver una y otra vez. Pocas veces se conjuga tanto amor, entrega y valor en una medalla.

Lizandra Guerra de Cuba, ganó la medalla de Plara en Keirin Femenino. Foto: Tito Meriño.

Lizandra Guerra de Cuba, ganó la medalla de Plara en Keirin Femenino. Foto: Tito Meriño

 

Lizandra Guerra de Cuba, ganó la medalla de Plara en Keirin Femenino. Foto: Tito Meriño.

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