Yudi, mi vecina, y una historia de amor por la vida (+Fotos)

Mi gente
Tres momentos de una mujer, que se ofreció entre las primeras para la atención a pacientes posibles positivos a la COVID 19. Esta puede ser la historia de cualquiera de nuestras valientes.

Puerto Padre.- Abril. 27

…porque Yudi, mi vecina, es también una valiente

“Si no somos nosotros, quién se va a quedar…” fue su respuesta ipsofacta ante mi pregunta un poco recelosa. Pero hay mucho más detrás de esa determinación: una voluntad férrea a ayudar al de al lado.

Yudi, mi vecina, es de las que sabe mover multitudes, y se pone ella como la primera, cuando alguien la necesita.

Tanto así, que un día la vi sacando escombros e improvisando una cama, sin importar las culpas de aquel imprudente que prendió fuego a su casa, la de él.

Entonces, no me sorprendió mucho cuando nos confesó  formaría parte del primer team de laboratoristas, que por propia voluntad, entraría al Hospital General Guillermo Domínguez, cuando trasladasen a los enfermos con la COVID 19, y menos cuando supimos que trabajaría directamente con los pacientes más delicados, en terapia.

Esta Yudi no le tiene miedo a nada, y desde ya, ultima cada detalle para que los suyos queden bien en casa.

Su hija y esposo, la verán pantalla de por medio, en zona de peligro por 14 días. Ellos confían en la profesionalidad que la acompaña siempre y en el enorme compromiso con su labor.

Hoy espera que la llamen en cualquier momento para irse de “beca” al hospital. Y la pregunta se repite a diario: ¿Por fin, cuándo te vas?  La interrogante alberga ese miedo que se desdibuja en el orgullo de quienes la conocemos un poco más cerca.

Hace unos días, le hice prometerme una foto, cuando ya esté dentro, con su “disfraz”. Para ella, por la curiosidad de no reconocerla, sino apenas por el nombre escrito en su uniforme; y en nosotros, la tranquilidad al saberla protegida y segura tan cerca de la muerte.

Me cuesta un poco decir su nombre completo: Yudisleydis Acosta García, mas la práctica del periodismo obliga a presentar todas las credenciales de nuestros protagonistas.

Para mí, será siempre Yudi. Y junto con su familia la esperaré de vuelta, pasado un mes de su salida. Mientras tanto, aquí dejo plasmada su historia porque mi vecina, es también una valiente.

                                                                                                          Mayo. 10

Fotos cortesía de Leslie

El aplauso que esconde un: “Mami, te amo”

-¿Mami?

-FELIZ DÍA DE LAS MADRES

-Mami…

Así inicio la plática del domingo, vía WhatsApp, entre Leslie y su mamá.

Yo, que ando siempre con la periodista a cuestas, la volví mi corresponsal-intermediaria para saber más de Yudi, como mejor puede hacerse, a través de sus charlas cotidianas de madre e hija. 

Hace más de una semana se fue para la “beca” del Guillermo Domínguez, y no sé cómo le hace, pero se mantiene pendiente de todo y no olvida ni el menor de los detalles.

-¡Buenos días! ¿Cómo amaneciste? ¿Qué te hace falta en la casa?

Fue su respuesta. Creo, Yudi olvidó que era domingo, el segundo de mayo, y formaba parte del homenaje. Su preocupación por los de afuera, la hacen olvidar, incluso, que está en medio de una batalla por la vida.

Y Leslie: -Nosotros estamos bien, mi papá lo busca todo. Mami, mija, dime ¿cómo estás tú?

Ella: -Cansada, acabo de salir de guardia, pero bien. Las atenciones con nosotros son muy buenas. Mira [manda foto de su desayuno]

A Leslie le preocupa más su mamá y saberla en esa zona, que sólo por el color se nota es peligrosa, aunque los pacientes hayan dado todos negativos a la COVID 19.

-Igual nos cuidamos mucho. Trabajamos 12 horas con el traje puesto y cuando vamos para el frente de terapia, donde estamos, nos fumigan con él puesto, luego nos bañamos y dan piyamas nuevos. Ya entonces no salimos a ninguna parte, no hace falta, porque aquí hay de todo.

Le explica con calma a Leslie, para tranquilizarla, y como por arte de magia lo logra, su risa cómplice, es muestra más que suficiente. Claro, termina esa explicación científica de protocolos y seguridad, con la coletilla: “en la merienda nos dieron helado, y cantidad, todo doble”. Como si estuviera en un hotel de lujo, disfrutando un todo incluido.

Esa Yudi le ha hecho parecer siempre a su hija, y al mundo, que su trabajo es fácil. Aunque ahora la veamos con su “disfraz”, y nos demuestra que probablemente se encuentre en una de las situaciones más complejas de su carrera como Licenciada de Laboratorio Clínico.

Pero a Leslie no le parece suficiente: -Y ¿cómo le hacen con los pacientes?

-Igual que con cualquier otro, vamos le sacamos muestras de sangre y le hacemos todos los análisis orientados… Yo te veo más delgada, no me gusta. No puedes bajar tanto de peso, no te ves bien.

Y así desvía el tema de conversación; a Yudi, Leslie le parece muy niña para entender, aún con 17 años.

-Mami, que es serio, chica… ¿Cuándo vas a salir?

Y sin decirlo, el “Te extraño” resuena en el silencio tras la pregunta.

-Nos dijeron que el sábado nos llevan para Las Tunas, ya falta menos.

-Mami, te amo mucho, de verdad.

-Yo también te quiero muchísimo. Lo que pasa es que eres muy bocona, [y risas] pero tú lo eres todo para mí.

 -Quizás no lo pienses, pero yo sí. Desde mis 13 años no pasamos un día de mamás juntas, siempre tienes que trabajar. Pero no importa, estás en mi corazón… Te amo… Te espero en casa.

Y es suficiente para la despedida. Yudi, debe descansar.

Son mujeres de temple, madre e hija. Y en jornadas como estas, cuando la ausencia resulta necesaria, se vuelven aliadas y aun más amigas.

Esperan con ansias el reencuentro, para revelar las historias que no se dijeron  en estos mensajes.

*Tomado del Chat de WhatsApp de Leslie Anay Fernández Acosta.

Mayo. 28

La sorpresa del regreso.

                                            Foto cortesía de la familia

10 y 32 de la noche y el grito puso en pie a todos cuantos lo oímos:

– ¡Viene mi mamá!-

– ¡Pero cómo que viene!-

– ¡Llamó ahora a mi papá! ¡Qué llega!

Yudi casi estaba de vuelta.

La voz corrió rápido, a pesar de la hora, y aún así, no dio tiempo a nada.    

– ¡Mira, si por ahí viene la guagua! ¡Leslie, ya está aquí!-

Música en el ómnibus, pitos y aplausos. Podíamos respirar tranquilos, mi vecina cumplió, lo hizo bien, y otra vez estaba con los suyos.

La distancia se volvió imposible, nos ganó la emoción y hubo abrazos de orgullo para nuestra valiente.

Intenté captar algunas fotos que quedarán solo en los recuerdos personales. Entre la oscuridad imperante y los nervios del momento, no tienen valor editorial. Sin embargo, servirán para inmortalizar este, de los encuentros más deseados. 

Puertas adentro, los testimonios de la “beca” en el Guillermo Domínguez, salieron a la luz. “Era un vilo constante. Cualquiera de los ingresados podía resultar positivo, aunque en mis 14 días todos los PCR fueron negativos”, cuenta.

Entonces, un dejo de ternura y melancolía le salieron sin querer “uno le toma cariño a los pacientes. Ver a alguien perder su guerra personal contra la muerte, es un momento sumamente difícil”, el silencio invade.

“Hubo una señora que se complicó”, retoma, “pero logró rebasar. Cuando salimos supe le dieron de alta. Eso me dio tremenda alegría”, y se nota genuino el sentimiento.

Las preguntas le llovieron, cada cual buscaba su propio resumen de mayo. Yudi respondía a retazos mientras se fijaba en los detalles de la casa que no se encontraban tal cual lo había dejado. Como en su trabajo, es caprichosa, mi vecina, con su hogar.

Leslie la mira, se ríe. Tenerla de regreso “para dormir toda la mañana”, encierra mucho, la seguridad de saberla lejos del peligro y por fin, dejar de vestirse con su ropa, para sentirla cerca.

La noche seguía su curso, casi daban las 12. Yudi necesitaba descansar, devolverse otra vez a su cama, llenar el espacio que mantuvo la espera por cuatro semanas.

Nos fuimos de a poco. Para todos regresó muy grande (más). Ahora Yudisleydis Acosta García es un referente en mi barrio, y estas letras, que han contado su historia, llevan implícita la admiración y el reconocimiento infinito de quienes la conocemos.

Marlian Berenice Pérez Rodríguez
Marlian Berenice Pérez Rodríguez

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz. Periodista, cantante e hija súper orgullosa de esta tierra, mi Puerto Padre del alma, la raíz de la que no puedo desligarme.

http://www.radiolibertad.cu/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *