Un instante con Rosita (+Post)

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No pretendo hablar hoy de su muerte. Ya los medios invadieron todos los espacios, ayer, con la noticia. Y demoré, mucho, en hacerme a la idea, tanto, que empiezo a escribir estas líneas 24 horas después.

Rosita, fue para mí una inmortal, referente en el arte, en la conducción de su vida, siempre rompiendo esquemas. La gran Rosa, virtud absoluta sobre el escenario, y más aún, fuera de él.

Un agosto la trajo de gira a mi Puerto Padre, aquello me pareció el mejor de los regalos, la fortuna inmensa de disfrutar en vivo sus actuaciones. Hizo gala de todo ese talento que le venía de cuna. Nos ofreció una noche que no olvidaremos ninguno de los que la disfrutamos. Ayer, algunos la rememoraban.

Pero no me bastó con verla a la distancia.  A mis 11 años, yo sólo pensaba en conocer a la diva, aunque ella, tan sencilla como sublime, se creía una más del elenco.

Luces apagadas, fin de la presentación. El público se disipaba de a poco. Me acerqué a hurtadillas al escenario, donde se había improvisado un camerino para ella. Logré burlar a dos personas que bloqueaban el paso de todos cuantos quisieron acercarse, aún no me explico cómo logré subir. Alguien me detuvo, y yo sentí que el mundo se me venía abajo, estaba demasiado cerca como para rendirme.

Entonces, Rosita, se dio cuenta de mis intenciones. Tengo muy clara su voz, la ternura con le pidió a “su escolta” que me dejara llegar.

Me vino la tranquilidad, y al mismo tiempo, una emoción inmensa que no he vuelto sentir otra vez. Quedé inmóvil, como a quien se le detiene el tiempo de golpe. Se me anudó fuerte la garganta, y solo la miré, ya estaba justo a su lado.

Y ella, sentada, terminaba de arreglarse luego de la función. Mi letargo de admiración le resultó evidente, y como quien le habla a la más delicada de las criaturas supo sacarme del transe: “¿Querías decirme algo?” Asentí.

Con un vestigio de voz, le balbuceé: “Un día quisiera ser como usted”. No pude decir más.

Rosita me sonrió, “ojalá y un día actuemos juntas entonces”. La miré fijo y alguien terminó el encuentro “Rosa ya nos vamos”.

Bajé aún como suspendida. Mi madre, cómplice del ardid, me esperaba lista para escuchar los detalles de la historia, pero yo solo alcancé a estallar en llantos por la emoción.

Cada instante de esos escasos minutos, permanecen intactos en mis recuerdos, para mí son una joya de mi prematura adolescencia.

La candidez de Rosita, la incitación a crecer, a no rendirme en esa sola frase, me acompañan hasta hoy. Y aunque el “ojalá y un día actuemos juntas…” haya quedado tras bambalinas, cantaré para ella, y de seguro ella conmigo, en ese homenaje constante que llevaré desde ahora, en su nombre. 

Marlian Berenice Pérez Rodríguez
Marlian Berenice Pérez Rodríguez

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz. Periodista, cantante e hija súper orgullosa de esta tierra, mi Puerto Padre del alma, la raíz de la que no puedo desligarme.

http://www.radiolibertad.cu/

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