La toma de Puerto Padre: Era día de Pascuas y se respiraba libertad

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Desde finales de octubre de 1958, la ciudad de Puerto Padre estaba prácticamente sitiada. En más de una ocasión entraron tropas rebeldes y hasta llegaron a romper bombillos del alumbrado público.

El anuncio popular de que entraban los rebeldes era un asunto cotidiano. ¡Que vienen esta noche!, ¡que no pudieron venir pero que vienen mañana!; y así cada cual daba rienda suelta entre los suyos a la sublime esperanza de que los insurrectos tomaran la ciudad.

Por eso es que cuando llegó el 24 de diciembre nadie preparó cena, ni hubo arbolitos, ni se oyó un radio, a no ser en las casas de los gobernantes más importantes.

Cuando sonaron los primeros tiros al rayar las doce de la noche, el pueblo entero se despertó. Ahora sí era cierto que los rebeldes estaban tomando a Puerto Padre.

Una gran parte de los puertopadrenses cooperó como pudo para hacerle más fácil la labor a los bravos guerreros. Unos vecinos les daban café, otros les llevaban agua y alentaban con palabras optimistas.

Estaban atacando al Cuartel de la Guardia Rural, a la Policía Nacional, a la guarnición del Fuerte, del ayuntamiento del distrito Fiscal, de la Junta Electoral, así como a la Marina de Guerra.

El Comandante Delio Gómez Ochoa dirigía la operación, él personalmente con una buena tropa cuidaba la entrada de la ciudad por el Fuerte, mientras que el Comandante Suñol con sus hombres minaba y protegía el acceso a Puerto Padre  por la carretera de Delicias. Dentro peleaban Isael Cruz, Pepito García, el Mexicano, Felo Vega, entre otros.

El amanecer fue lluvioso y a pesar de que no había esperanzas de rendición, continuaron en la lucha. Había más de cien hombres esperando que cayera algún grupo de las fuerzas de la tiranía para tomar armas.

Sobre las diez de la mañana caía la Policía en manos de rebeldes y unos minutos más tarde se rendía la Marina de Guerra.

Fuerte de la Loma. Imagen de Archivo

Las tropas del Ayuntamiento se entregan. Quedan el Fuerte y el Cuartel, pero este último cede a las solicitudes de los rebeldes que ofrecen dejarlos ir para Delicias si entregan las armas.

Sobre las cuatro de la tarde la guarnición del Fuerte también cae y Puerto Padre, en ese momento, se declara Territorio Libre de Cuba. Lo vivido en esas horas no puede nadie que no haya estado en la ciudad imaginárselos. El júbilo, la euforia y la algarabía, se adueñaron del pueblo que se lanzó a las calles para confraternizar con los rebeldes en auténtica demostración de apoyo.

Por la mañana, minutos después de tomada la Marina, rondó muy bajo un avión negro de los clasificados como bombarderos. Pero afortunadamente no hizo daño a nadie.

A las cuatro de la tarde llegó hasta el frente del muelle local un poderoso barco de la Marina. Todo el mundo pensaba lo peor. No obstante, hicieron un amago de desembarco, pero al notar, en opinión de los puertopadrenses, que habían rebeldes esperando el desembarco, optaron por retirarse hasta el Cayo.

Las tropas victoriosas de los Comandantes Gómez Ochoa y Suñol recorrían nuestras calles.

Era día de Pascuas, y en Puerto Padre ya se respiraba libertad.

(Información tomada de la revista Puerto Padre Histórico, edición de 1959)

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