Fidel en IV Congreso del PCC: “Los hombres pueden morir, ¡pero las ideas no morirán jamás!”

Fidel por siempre

Compatriotas de todo el país:

Después de cinco días de intenso trabajo, en jornadas que se prolongaban 14 y 15 horas, arribamos a este acto popular de clausura del IV Congreso del Partido.

No voy a ser extenso. No sé siquiera todavía qué cosas ha publicado la prensa, no hemos podido leerlas; no sé tampoco qué ha publicado la televisión de todo lo que hemos discutido y que ha sido, según tengo entendido, bastante amplio. No puedo saber qué ideas ya dichas se van a repetir, por ello tendré que limitarme a algunos puntos esenciales.

Lo primero que necesito decir es que me siento profundamente impresionado, al igual que supongo se sienten los demás compañeros de esta presidencia, de la magnitud de este acto. No podía siquiera suponer que la ciudad de Santiago de Cuba fuera capaz de reunir tantas personas en una plaza, después de una marcha del pueblo combatiente, y es imposible estar aquí de pie unos minutos, sin que millones de recuerdos nos pasen por la mente.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué quiere decir esta gigantesca presencia, este solemne acto en una fecha como hoy? Y es que me ha venido a la mente la historia de Cuba, lo mejor de la historia de Cuba, lo más hermoso de la historia de Cuba.

¿Qué conmemoran hoy los santiagueros? ¿Es acaso solo el final de nuestro congreso? ¡No! Pensaba, después de entregar la bandera de Listos para la Defensa, en primer término, que los santiagueros estaban homenajeando hoy el 10 de Octubre de 1868. Era el homenaje a aquellos que se levantaron en armas para construir esta heroica historia de 123 años; era el homenaje a la Demajagua y a Carlos Manuel de Céspedes; era el homenaje a 10 años de incomparable heroísmo; era el homenaje a la Protesta inmortal de Baraguá; era el homenaje a la Guerra del 95; era el homenaje a la muerte heroica de Martí en Dos Ríos y a los restos gloriosos que reposan en esta ciudad.

Era el homenaje a los largos y duros años de lucha contra el colonialismo o el neocolonialismo; era el homenaje al ataque al cuartel Moncada; era el homenaje a los héroes y mártires que entregaron en aquellos días su vida; era el homenaje a la lucha infatigable de esta ciudad en los largos años de la tiranía; era el homenaje a Frank País, Pepito Tey, y tantos y tantos combatientes que aquí murieron.

Fidel Castro y Raúl Castro en el IV Congreso del Partido en Santiago de Cuba. Foto: Juvenal Balán / Granma

Era el homenaje al Primero de Enero; era el homenaje al triunfo definitivo y a la independencia de nuestra patria; era el homenaje a los años abnegados de lucha y de trabajo después del triunfo de la Revolución; era el homenaje a los numerosos hijos de esta provincia de Santiago de Cuba, que dieron generosamente su vida en las luchas internacionalistas; era el homenaje al día en que esta ciudad, con tanta justicia, recibió el título de Ciudad Héroe, y era el homenaje a nuestro Partido, a nuestro congreso, que decidió reunirse aquí, precisamente en esta ciudad de tantas tradiciones y leyendas heroicas; era el homenaje no solo al evento más importante de nuestro Partido y de nuestro país, sino al mejor congreso, al congreso de los tiempos difíciles, al congreso del período especial, al congreso de los años más heroicos.

¡Y cómo ha cambiado esta ciudad en unos pocos años! Quién la puede reconocer entre tantas avenidas, carreteras, circunvalaciones, edificaciones y obras de todo tipo construidas en tiempo récord.

Aquí, a nuestra vista, se pueden divisar cosas como este teatro, el mejor de Cuba; aquel hotel, el primer hotel de cinco estrellas de nuestro país; aquella sala polivalente construida en semanas, cuando nadie creía ya que podría terminarse; aquella autopista que rodea la ciudad; las líneas de ferrocarril que penetran hasta la refinería; ese aeropuerto que es un milagro de la ingeniería, allí donde había un abismo, esa nueva estación de la terminal aérea; esa carretera que llega allá, hasta los confines de la provincia y más allá todavía; esos hoteles que se construyen a ritmo acelerado al este y al oeste de la ciudad; ese hospital impresionante que, junto a los ya existentes, se suma a los servicios de salud de la ciudad.

Y las nuevas fábricas, los nuevos centros de investigación, los nuevos centros de enseñanza, los nuevos grupos científicos que se organizan en nuestra ciudad; barrios nuevos que albergan 60 000 y 70 000 habitantes, miles de viviendas construidas aun en tiempos difíciles y un impresionante plan de producción de alimentos para que la provincia de Santiago de Cuba, llena de montañas, gran productora de azúcar y con muy poca tierra llana, se proponga producir viandas y vegetales sin tenerlos que traer de otras provincias; y grandes planes de producción porcina, avícola y otros renglones donde no se ha detenido el trabajo un solo día en estos años.

Por eso los que llegan se asombran, y por eso los que conocemos y queremos a Santiago lo admiramos y lo queremos cada vez más. Esta ciudad, cuyos constructores se han convertido en los mejores del país; esta ciudad que cuando la realización de los XI Juegos Panamericanos no se quedó detrás de la capital de la república y fue capaz de ser sede eficiente y maravillosa de una parte importante de esos juegos, que fue capaz de organizar ceremonias que por su precisión fueron iguales, o aun superiores, a las de la capital de la república; esta ciudad hospitalaria que tanto impresionó a los visitantes; esta ciudad que terminó todas las obras y todos los programas, esta ciudad que fue capaz de ser sede de nuestro IV Congreso del Partido.

La historia no olvidará jamás este congreso, porque tiene lugar en uno de los más difíciles momentos de la vida de nuestro país. Y si hacía falta un congreso histórico y heroico de la vanguardia revolucionaria, continuadora de la obra de nuestra hermosa historia, ¿qué otro lugar, qué otro punto, qué otra atmósfera, qué otro escenario podía ser el de ese IV Congreso?

Silvio Rodríguez en el IV Congreso del Partido en octubre de 1991. Foto: Juvenal Balán / Granma

Este congreso es histórico por muchas cosas, ¡por muchas cosas!; pero entre otras es histórico porque el destino nos ha convertido en abanderados de la Revolución de los humildes, de la Revolución de los trabajadores, de la Revolución de los explotados; porque nos ha convertido en abanderados del movimiento revolucionario, progresista y democrático del mundo.

No es que seamos el único país progresista, democrático y revolucionario, es que somos el único país convertido en un islote de Revolución en un mundo prácticamente unipolar, a pocas millas del imperialismo hegemónico, y rodeado de capitalismo por todas partes; en un islote de Revolución entre el Atlántico y el Pacífico; en un islote de Revolución en este hemisferio; en un islote de Revolución en el occidente; en un islote de Revolución en gran parte del mundo, donde los Estados socialistas que subsisten están a 15 000 ó a 20 000 millas de distancia de nuestra patria, en un instante en que el campo socialista de Europa del este se derrumbó, en un instante en que en la URSS, nuestro más sólido y firme aliado a lo largo de estos años de Revolución, que tan solidariamente nos apoyó, que tan amistoso fue con nosotros, a quien tantos gestos de solidaridad debemos y a cuyos pueblos tanta gratitud debemos, se encuentra en una situación sumamente crítica.

No existe siquiera el glorioso partido comunista fundado por Lenin, forjador de la Revolución incomparable de Octubre, dirigente de los pueblos heroicos que destruyeron la intervención, que reconstruyeron aquel país a partir de cero, que lo defendieron del fascismo a un costo de más de 20 millones de vidas, que salvaron al mundo del dominio fascista, que hicieron posible la liberación de decenas y decenas de colonias, que reconstruyeron el país de nuevo y lo desarrollaron en el lapso de unos pocos años, que tan solidarios fueron con Cuba.

Y cuando allí no se conoce siquiera el destino, cuando allí no se habla de socialismo, cuando allí la palabra de orden es economía de mercado, cuando no sabemos si se salva o no como gran Estado multinacional, si se desintegra o no como Unión Soviética con aplausos del imperio y sus aliados, con aplausos y regocijo de todos los reaccionarios del mundo, con triunfalismo indisimulado de los enemigos del socialismo y del progreso humano, con ansias de dominar el mundo, en esas condiciones tiene lugar este congreso, este acto, este Baraguá universal, para poder decir:

¡Antonio Maceo, aquella, tu inolvidable, gloriosa e insuperable protesta que un día tuvo lugar bajo aquellos Mangos de Baraguá, esa misma protesta es la que hoy tiene lugar aquí, bajo estos aceros que simbolizan tus invencibles machetes! ¡Aquí, bajo este conjunto memorial; aquí, bajo tu figura y tu estatua ecuestre, proyectada y construida por santiagueros inteligentes, patriotas; aquí, a tu sombra, Antonio Maceo, en esta plaza que lleva tu nombre, en esta ciudad donde naciste, en esta atmósfera donde respiraste los primeros aires; aquí, hoy y desde el l0 de Octubre, tiene lugar tu protesta, que ya no es la protesta de un grupo de combatientes heroicos, sino la protesta de un pueblo entero, y la protesta no en nombre de Cuba, sino en nombre del mundo!

Porque al igual que tú dijiste que jamás habría paz con España sin independencia, que jamás tus armas se rendirían, aquí decimos nosotros que jamás habrá paz con el imperio sin plena soberanía e independencia de nuestra patria; que jamás habrá paz con el imperio sin plena vigencia de la Revolución y del socialismo; que jamás nos someteremos a ningún hegemonismo, que jamás aceptaremos el dominio unipolar del imperio yanki; que no nos importan aquellos que por el camino abandonaron las banderas, abandonaron la marcha; que jamás nos importarán aquellos que se plegaron al oro y al poder del imperio; que nosotros pertenecemos, Antonio Maceo, a tu estirpe, a tu sangre, a tu coraje, a tus ideas.

Delegados al IV Congreso del Partido, octubre 1991. Foto: Orlando Cardona / Granma

Y así como tú venciste, venceremos nosotros; así como la patria fue libre, seguirá siendo libre la patria que hemos liberado; así como triunfaste, triunfaremos nosotros; así como no rendiste nunca las armas, jamás las rendiremos nosotros; así como supiste morir en combate, también sabremos nosotros morir en combate; así como fuiste ejemplo para el pueblo y para el mundo, tu pueblo será ejemplo para Cuba y para el mundo; así como defendiste las ideas más justas de la libertad, de la igualdad y de la dignidad de todos los hombres, sabremos nosotros defenderlas; así como tu causa justa triunfara, triunfará inexorablemente nuestra causa justa.

¡Gracias Maceo porque nos diste esta oportunidad! Nosotros todos, pigmeos al lado tuyo; nosotros todos que crecimos escuchando y honrando tu nombre. ¡Gracias a ti, gracias a tu ejemplo, gracias al pueblo que tú y los que como tú forjaron! ¡Gracias al pueblo que como tú, Máximo Gómez y Agramonte forjaron! ¡Gracias a los que como tú y nuestro extraordinario maestro y sabio, José Martí, nos enseñaron!

¡Gracias a ustedes y a los que siguieron el ejemplo de ustedes, y a los que supieron ser como ustedes a lo largo de la historia dentro y fuera de la patria! Nosotros, que somos pigmeos a tu lado, hoy nos sentimos un pueblo de gigantes, porque con la sangre de los que como tú enseñaron a la patria el camino, fue engendrado un pueblo de gigantes; y estos gigantes sabrán estar a la altura de los hijos tuyos, de Martí y de todos los demás héroes de nuestra gloriosa historia.

Jamás tuvimos pretensiones de tan extraordinarios honores, jamás tuvimos tan grandiosas ilusiones, pero la historia y la vida nos las impusieron y sabremos cumplirlas.

A lo mejor cuando creen los imperialistas que estamos más solos, estamos más acompañados, porque a los hombres y mujeres del mundo les aterra la idea de un mundo dominado por el imperio yanki; les aterra la idea de un orden yanki por mil años, como ya soñaron otros, en los tiempos de Hitler; ni mil años, ni cien años, y para nosotros ni cien días, ni cien minutos, ni cien segundos, porque jamás seremos subordinados del imperio, lacayos del imperio.

Pero tampoco el mundo lo soportará, y ese mundo mira hoy a Cuba con grandes esperanzas, y ese mundo desea nuestra resistencia y nuestra victoria, porque es su victoria.

Ese mundo admira a este pequeño país; ese mundo admira a este islote de libertad y de dignidad, que desafía a todo y es capaz de desafiar a todos; ese mundo admira a la Cuba de hoy y la admirará cada vez más en la medida en que seamos capaces de ser valientes, seamos capaces de luchar y seamos capaces de vencer.

Nuestro congreso ha sido un ejemplo, hemos dicho que es el congreso político más democrático que ha habido nunca en nuestro país; pero podemos decir que es el congreso político más democrático que ha habido nunca en el mundo. La amplitud con que se discutió, la libertad con que se discutió, la sinceridad, la franqueza, la confianza no recuerdan otro ejemplo en la historia; la honestidad con que se discutió y, además, la unidad con que se discutió; cada criterio, fuera cual fuese, el respeto con que se discutió.

IV Congreso del Partido en Santiago de Cuba, en octubre de 1991. Foto: Juvenal Balán / Granma

A los que hablan de democracia, podemos decirles: Vengan a nuestro congreso, vean nuestro congreso y verán lo que es democracia; desde el Llamamiento del Partido, su discusión por millones de personas, hasta la elaboración de los documentos, las incontables reuniones previas en el análisis de esos documentos, hasta el último minuto del congreso.

Hemos dado importantes pasos de avance y no por complacer a nadie, no por hacernos graciosos ante nadie, sino para cumplir nuestra voluntad de perfeccionar cada vez más nuestro Partido, para democratizar cada vez más nuestro Partido, para democratizar cada vez más nuestro sistema, porque solo un sistema socialista puede ser democrático.

De qué democracia se le puede hablar al niño abandonado por las calles y sin hogar; de qué democracia se le puede hablar al pordiosero; de qué democracia se le puede hablar al hambriento, al analfabeto, al desempleado, al que no tiene nada, al que nadie considera, al que nadie respeta, al que cualquiera que tiene dinero lo trata como a un perro.

De qué democracia se puede hablar en una sociedad de explotadores y explotados; de qué democracia se puede hablar allí donde junto al pobre, al hambriento y al mendigo, están el millonario y el multimillonario. De qué igualdad se puede hablar, de qué fraternidad y hermandad allí donde nadie ayuda a nadie y donde el hombre es el lobo del hombre; de qué justicia, de qué oportunidades para todos se puede hablar en una sociedad capitalista. Solo en el socialismo puede haber democracia y solo en el socialismo se puede perfeccionar la democracia; y por eso hemos trabajado, y por eso seguiremos trabajando, sin la más mínima concesión de principios en el Partido y en el Estado, y en ese sentido hemos dado importantes avances.

Nuestro sistema electoral es el más democrático de los existentes –no importa que traten de ignorarlo en otras partes– porque es el pueblo el que postula y no solo postula, sino que elige a sus delegados de circunscripción. Esos delegados elegidos por el pueblo son los que eligen a los delegados provinciales y a los diputados a la Asamblea Nacional. Pero ahora hemos dado un paso más, los delegados de la circunscripción seguirán siendo elegidos por el pueblo, postulados por el pueblo, y sobre los mismos principios y a partir de esos delegados de circunscripción proponemos a la Asamblea Nacional postular y elegir directamente a los delegados a la asamblea provincial; postular y elegir directamente, sin politiquería y a través de los mecanismos más justos que brinden igualdad de oportunidades para todos a los diputados de la Asamblea Nacional, que constituye la máxima autoridad del Estado.

Creo, sinceramente, compañeras y compañeros que, por los caminos que iniciamos el Poder Popular y siendo consecuentes con esos principios, marchamos hacia un perfeccionamiento de nuestro sistema político, que no tendrá que envidiarle nada a nadie y será más democrático que cualquiera de los existentes en otros países del mundo. Porque –repito– solo en el socialismo puede haber democracia, solo el socialismo puede desarrollar la democracia.

Otros pasos hemos dado que venían discutiéndose con relación al Partido, a sus estatutos: resolver el problema de aquellos que no tenían acceso al Partido por creencias religiosas. Fue muy discutido este tema y una prueba de la pureza y la lealtad de nuestro Partido a las doctrinas no solo políticas, sino también filosóficas. Pero tenemos un Partido, un solo Partido, como tuvo Martí un Partido, un solo Partido para hacer la Revolución; y es necesario que en ese Partido quepan todos los patriotas, en ese Partido quepan todos los revolucionarios, que en ese Partido quepan todos los que quieren el progreso de su pueblo, todos los que defienden las ideas de justicia de nuestra Revolución, siempre y cuando, desde luego, aquellos que puedan tener alguna creencia religiosa acepten el programa y compartan todos los principios políticos y económicos de nuestro Partido, de todos los que participen de nuestra concepción socialista.

Ya nadie nos podrá acusar de discriminar a nadie, y se complementará nuestra Constitución que es omisa en ese aspecto cuando dice: Nadie podrá ser discriminado por razones de sexo, o de color de la piel y añada también creencias religiosas. Mas eso no debilitará a nuestro Partido, lo fortalecerá a los ojos de la nación y a los ojos del mundo.

Siempre tendremos presente a aquellos que en la lucha contra la tiranía murieron y algunos de ellos ejemplos notables que albergaban una creencia religiosa: José Antonio Echeverría, Frank País; o a muchos que murieron en nuestras guerras de independencia, o a muchos que murieron cumpliendo misiones internacionalistas. Y como por encima de todo somos justos y no albergamos temores, afrontamos el análisis y la discusión, se debatió ampliamente el tema y se logró un importante paso de avance.

Nuestro congreso no temió discutir nada, analizar profundamente cualquier tema, y por ello es que decimos que ha sido un excepcional congreso.

En el congreso hemos analizado las circunstancias difíciles por las que atravesamos, los sacrificios que estamos soportando y los sacrificios aún mayores que podríamos tener que soportar. En el congreso le hemos explicado con amplitud al pueblo los problemas; en el congreso le hemos explicado al pueblo todo lo que era posible explicar, y nuestra patria cuenta hoy con una información con la que no ha contado nunca. Pero debo decir y reiterar que para nosotros este es el pueblo del 68, que para nosotros este es el pueblo de Baraguá; y el pueblo del 68 y de Baraguá, y el pueblo del 95 y el pueblo de la Sierra Maestra no temió ninguna prueba, no temió ningún sacrificio.

Si tenemos que volver a vivir los años del 68, ¡volveremos a vivir los años del 68!; si tenemos que vivir los años de Baraguá, ¡volveremos a vivir los años de Baraguá!; si tenemos que vivir los años del 95, ¡volveremos a vivir los años del 95!; si tenemos que volver a vivir los años de la Sierra Maestra, ¡volveremos a vivir los años de la Sierra Maestra!; si tenemos que volver a vivir los años de los combatientes de las misiones internacionalistas, ¡volveremos a vivir los años de las misiones de los combatientes internacionalistas!

IV Congreso del Partido, octubre 1991. Foto: Juvenal Balán / Granma

Como les decía hoy a los compañeros: ¡Somos invencibles! Haremos lo que haya que hacer; trabajaremos lo que haya que trabajar; resolveremos los problemas que esté en nuestras manos resolver; continuaremos en cualquier circunstancia nuestros programas, en primer lugar el programa alimentario, aunque falten piensos y falten fertilizantes; continuaremos desarrollando nuestro programa de biotecnología, industria farmacéutica y equipos médicos; continuaremos desarrollando nuestro programa de turismo; continuaremos desarrollando todos los programas económicos, buscaremos formas, inventaremos formas, buscaremos recursos.

Bajo la dirección de la Revolución y del gobierno socialista, adoptaremos las medidas que haya que tomar para que nuestras fábricas marchen, para que nuestros obreros trabajen, para salir adelante en estas difíciles condiciones, y siguiendo el principio de proteger a todos, de que no quede un ciudadano desamparado en nuestro país, repartiendo lo que tengamos, buscaremos fórmulas para salvar la patria, para salvar la Revolución, para salvar el socialismo.

Como les decía hoy al finalizar el congreso, somos invencibles, porque si tenemos que morir todos los del Buró Político, ¡moriremos todos los del Buró Político, y no seremos por ello más débiles!; si tenemos que morir todos los del Comité Central, ¡moriremos todos los del Comité Central, y no seremos por ello más débiles!; si tenemos que morir todos los delegados del congreso, ¡moriremos todos los delegados del congreso, y no seremos por ello más débiles! El ejemplo de cada uno se multiplicará, el heroísmo de cada uno se multiplicará, y si tenemos que morir todos los militantes del Partido, ¡moriremos todos los militantes del Partido, y no nos debilitaremos!; si tenemos que morir todos los militantes de la juventud, ¡moriremos todos los militantes de la juventud!

Y si para aplastar a la Revolución tuviesen que matar a todo el pueblo, ¡el pueblo, detrás de sus dirigentes y de su Partido, estará dispuesto a morir!; y aun así no seríamos más débiles, porque detrás de nosotros tendrían que matar a miles de millones de personas en el mundo que no están dispuestas a ser esclavas, que no están dispuestas a seguir siendo explotadas, que no están dispuestas a seguir pasando hambre.

Los hombres pueden morir, ¡pero los ejemplos no morirán jamás!; los hombres pueden morir, ¡pero las ideas no morirán jamás! Y aquí estamos dispuestos a regar con nuestra sangre nuestras ideas, y ningún ejemplo digno, ninguna idea justa ha sido jamás vencida.

¡Tú, Maceo, no fuiste vencido en el 68, ni en el 78! ¡Tú, Maceo, no fuiste vencido aquel día que caíste en Punta Brava! ¡Tú, Martí, no fuiste jamás vencido el día que caíste en Dos Ríos!, y por ustedes, por su ejemplo, por su muerte, hoy hay millones de cubanos dispuestos a seguir el ejemplo, dispuestos a defender las ideas, y dispuestos a morir, igual que hicieron ustedes, para salvar la libertad, para salvar la justicia, para salvar el honor y el decoro de los hombres; porque sin honor y sin decoro no puede haber vida, ni importa la vida, ni queremos la vida; sin honor y sin decoro no importa la vida, ni queremos la vida, no solo la nuestra, sino incluso la de todos aquellos a los que amamos. ¡Sin honor, sin decoro, sin independencia y sin dignidad no es nada un pueblo, no importa la vida de un pueblo!

Por eso hoy, en este histórico, superhistórico acto, ante esta multitud de valientes, ante esta multitud de patriotas, ante esta multitud de hombres y mujeres extraordinarios, cambio en la tarde de hoy por una vez las consignas, que no cambiarán, porque seguirán siendo las mismas; pero hoy, especialmente hoy, no digo ¡Socialismo o Muerte!, porque habrá socialismo a cualquier precio; y no digo ¡Patria o Muerte!, porque seremos capaces de arrancarles la vida a aquellos que quisieran arrebatarnos la patria.

¡Hasta pronto, santiagueros!

¡Hasta siempre, como decía el Che, santiagueros heroicos, santiagueros patriotas, santiagueros revolucionarios!

Vea además:

En video, Reseñas del IV Congreso

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