Bebé sonriendo a su madre

Madre: regazo eterno

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De reverencia suprema se vuelve este día, que por asignación de la historia, desde el siglo anterior, es homenaje sagrado a quienes dan vida a la vida: las madres.

Madre del alma, madre querida,

Son tus natales, quiero cantar;

Porque mi alma, de amor henchida,

Aunque muy joven, nunca se olvida

De la que vida me hubo de dar.

Con solo 15 años escribiría Martí, a su madre, para quien más adelante desde las canteras de San Lázaro dedica la primera fotografía con el grillete ceñido a su cintura y de ahí hasta el tobillo, y en su dorso revela: “Mírame, madre, y por tu amor no llores: Si esclavo de mi edad y mis doctrinas Tu mártir corazón llené de espinas, Piensa que nacen entre espinas flores”.

Del líder histórico, Fidel Castro Ruz también nos llegan revelaciones de sentimientos puros por la que le trajo al mundo. Consta en una carta del 24 de agosto de 1958: “Recibí con mucha alegría tu carta y considero una gran cosa la oportunidad de enviarte estas líneas…recibe tú muchos besos de tu hijo”.

La admiración y el respeto de Martí y Fidel por sus progenitoras es esencia de lo que significan en nuestras vidas.

La madre encarna por sí misma la unión del hogar que forjó. Es horcón insustituible donde apegarse en cualquier circunstancia. Son ellas toda proeza y cariño, guerreras de andar ligero, pero con pisadas fuertes.

Es segundo domingo de mayo y desde la década del 20 del siglo pasado, en Cuba se celebra el Día de las Madres; también en otras regiones del mundo se comparte la fecha.

Honrar la maternidad es naturaleza del homenaje. La festividad sin igual encierra el sentido que a la vida dan, la grandeza de su obra y el vigor de cada responsabilidad asumida en el largo camino de enseñanza-aprendizaje.

Nada es comparable a su constante lucha, a su fe, a ese amor que viene de ellas. Desde siempre ahí en la cabecera de la cama o en el andar diario para guiar los pasos por el camino del bien, y es que no delega ni el cariño, ni la educación sabia, tampoco su condición de amiga sincera.

Con ella se aprende a reír, a llorar y conjugar lágrimas de emoción ante el más diminuto de los actos sublimes de la vida, igual se conoce la verdadera razón de existir.

Se regocija con el actuar correcto y sabe reprender todo aquello que aleja de la virtud.

Dice Honoré de Balzac que “jamás en la vida encontraréis ternura mejor, más profunda, más desinteresada ni verdadera que la de vuestra madre”. Y es que en el paso por la vida se entrega con devoción, no pide nada a cambio, solo la recompensa de saberse útil, necesaria, y así es ella como el aire puro para poder respirar a cada instante.

La madre es sostén de la vida, es más que símbolo de ternura exquisita y lección necesaria, es bendición, sosiego, es regazo eterno. Es por sí misma singular y no necesita de un día, para ella existe toda la existencia.

Imagen de Archivo

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Rosa María Ramírez Reyes
Rosa María Ramírez Reyes

Máster en Ciencias de la Comunicación, con mención en Periodismo. Seducida por «el mejor oficio del mundo», desde 1995 destaca las historias de vida y los hechos que relatan el hacer de nuestra gente. Los premios y reconocimientos, en su esencia, tienen la pasión por el ejercicio de la profesión. Enseñar a nuevas generaciones también es encargo que asume.

https://cronicasdelpuerto.wordpress.com/

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