Ribetes fascistoides de una protesta

Editorial Puerto Padre

El sentido común recibe por estos días una estocada de muerte. Nadie sale ileso frente a tanto ataque irracional que nos deja sin saber cómo lidiar con éste sentimiento desconocido que aflora ante la necesidad incuestionable, de buscar explicaciones a la barbarie.

Los hechos del 11 de julio pasado serán inscriptos en la Historia de Cuba en páginas negras que no podrán ocultar, sin embargo, los vergonzosos tintes de la falacia.

El alma de Cuba fue ultrajada por una turba que disfrazó de protesta pacífica intenciones macabras.

La cara de una Cuba dividida, inestable y grotesca fue vendida en internet en un ciberespacio que transfiguró la esencia social de las redes para convertirlas en un campo de batalla que por virtual no fue menos encarnizado.

Entre los protestantes había muchos confundidos, es cierto, sobre todo porque nunca entendieron que en éste país estamos acostumbrados a resolver nuestros problemas plantándole cara y poniéndole corazón. Que la violencia jamás ha sido el camino y que nunca lo será.

Aún así, en medio del dolor que lacera las entrañas una alarma parpadea para los de adentro. Nos toca desmontar cada una de los acontecimientos y evaluar, con mirada despojada de esquematismos donde radican las causas de algunos problemas.

Varios son los asuntos que debemos rectificar en el honorable afán de construir un mejor país para todos.

Debemos reconocer que falta en ocasiones la suficiente sensibilidad para buscar solucionar alternativas a situaciones acuciantes para el pueblo.

Que la condición de servidores públicos obliga a directivos y funcionarios a honrar el compromiso de ejercer con inteligencia, pegando el oído a la tierra para decodificar las señales y conocer lo que preocupa a las masas.

Estamos urgidos de cambiar métodos arcaicos y reemplazarlos por otros más novedosos que permitan mantener intactas nuestras esencias No olvidemos que somos una democracia participativa donde debe primar la dirección colectiva.

Mayor vinculación con el pueblo y sentir como palpitan los problemas en la mano nos dará la medida justa de las necesidades en el mismo lugar donde se originan, teniendo siempre presente que la sabiduría popular es fortaleza que muchas veces desechamos.

Todo lo anterior es perfectible y estamos dispuestos, como se dice en buen cubano, a echar rodilla en tierra, hasta resolverlo. Pero que nadie se equivoque, jamás cederemos ni un tantico, a las demandas de los que exigen intervención, llámese como se llame, en nuestros asuntos.

Con sentido del momento histórico que vivimos los cubanos tendremos que cambiar todo lo que merezca ser cambiado para emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos.

A los que se desgastan en construir una Cuba decadente para las Redes Sociales, les decimos que no es necesario inventar nada, los cubanos tenemos que lidiar a diario con escaseces de todo tipo, algunas tan brutales que rayan el matiz de lo inhumano.

Pero también tenemos claro de dónde nos llegan las puntas de lanza.

El bloqueo es un acto genocida que no nos permite adquirir lo elemental para el desarrollo de la isla. Sin embargo, en el más increíble de los sinsentidos nos acusan de no tener lo que ellos mismos nos quitan.

Nunca negociaremos con la turba de bandoleros que asaltó tiendas y hospitales en nombre de la libertad. Ni con la bajeza, la deslealtad y el vandalismo aplaudido como protesta pacífica, que hizo descender la dignidad humana hasta el oscuro fondo del terror.

No existe ideología en el mundo que justifique el ataque despiadado a los que piensan diferente, eso tiene ribetes fascistoides por más que intenten disfrazarlo.

La Patria es el altar de los agradecidos, por cada uno de los que intentó mancillarla hoy se alzan millones de brazos para sostenerla, tan alto, que no la pueda alcanzarla jamás ningún sentimiento mezquino.

Imagen tomada de Cubadebate.

 

Niuvis Ivón Torres González
Niuvis Ivón Torres González

Licenciada en Comunicación Social reorientada al Periodismo. Directora de Radio Libertad y de Regreso a los Molinos.

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